Andalucía es mayoritariamente llana, pero tiene cuestas (Medina Sidonia, Arcos, ambas en Cádiz) para echarles de comer aparte.
Medina Sidonia (Cádiz). Octubre 2011 (foto cedida por PLE).
Zahara de los Atunes, Barbate y Conil de la Frontera (todo en Cádiz) son pueblos sin atractivos especiales (Conil tiene cierto encanto) que disfrutan de unas playas impresionantes en las que el viento del Levante impide estar. Rota y Puerto Real (también en Cádiz) son poblachones, sin la gracia de las playas. En Sanlúcar de Barrameda (Cádiz, por supuesto), con más de 60000 habitantes, hay ambiente, pero es muy difícil conseguir un periódico. El Puerto de Santa María (¿dónde va a estar) es más grande que Sanlúcar (casi 100000 habitantes), pero no llama la atención. En Jérez de la Frontera (no salimos de la provincia), con más de 250000 habitantes, lo más interesante es, por paradójico que suene, la zona nueva, que se introduce a cuchillo en una zona vieja indistinguible de los pueblos anteriores. De Chipiona sólo vimos el pacífico y desierto Club Naútico, bien provisto de veleros de lujo.
Cádiz desde la Torre Tavari. Octubre 2011 (foto cedida por PLE).
En Sevilla la elevada proporción de narices semíticas delata el peso de la herencia árabe. Hay mucha gente, sobre todo de cierta edad, con taras físicas. Los camareros de toda la zona sirven las bebidas abiertas (cuando no directamente en el vaso), ignorando que deben ser abiertas en presencia del cliente. No se percibe stress en ninguna parte. Mucha amabilidad para ayudar al visitante. Guiris a dar y rabiar.
Carreteras de nivel más que aceptable, pero pésimamente señalizadas a la hora de indicar direcciones que salen de la ruta principal.