La cruel guerra civil que tiene lugar en Siria está llegando a unos extremos realmente malignos. Lo último ha sido, al parecer (todavía hay alguna duda al respecto), la utilización de armas químicas contra la población civil por parte del gobierno (¿o de los rebeldes que luchan contra él?; el asunto no está completamente claro).
Ante esto, numerosos medios y políticos occidentales han clamado por una intervención externa que detenga la danza de la muerte en Siria. Esa intervención sólo puede estar liderada por Estados Unidos, ya que únicamente este país tiene los recursos y los medios necesarios para imponerse en Siria sin correr un grave riesgo. Es decir, cuando se pide la intervención extranjera, se está solicitando, aunque sea con la boca pequeña, la involucración directa de Estados Unidos en el conflicto.
A la vista de la situación, los mismos numeros medios y políticos occidentales a los que antes aludía claman para que Estados Unidos no intervenga en Siria. Aducen que eso sólo serviría para aumentar el sufrimiento de la población. Es un argumento de peso, desde luego. Pero yo, si fuera Estados Unidos, estaría preguntándome si voy a la guerra o no, sólo para darme cuenta de que no hay respuesta posible a este interrogante. Si me involucro, me llamarán imperialista y me acusarán de preocuparme únicamente por mis intereses; si sigo cruzado de brazos, dirán que soy un insensible y que no intervengo porque en Siria no hay petróleo que me interese.
Así que, ¿en qué quedamos? ¿Por qué no nos aclaramos antes nosotros, los occidentales, y luego pedimos ayuda, si concluimos que es necesaria, a Estados Unidos?
martes, 3 de septiembre de 2013
Un patinazo en Riazor
En distintas ocasiones he hablado del maravilloso comportamiento del público que asiste al estadio de Riazor. Este comportamiento está relacionado prioritariamente con la actitud de los espectadores hacia el Real Club Deportivo de La Coruña. Pero podría hacer comentarios muy similares a propósito del trato que el público dispensa a los jugadores y al equipo rival (salvo en lo que se refiere al Celta de Vigo, por aquello de la tremenda rivalidad que ambos conjuntos, y sus respectivas ciudades, se profesan).
Sin embargo, ese comportamiento no fue tan maravilloso con motivo del reciente Trofeo Teresa Herrera, en el que el rival del conjunto herculino fue el Real Madrid, en cuyas filas milita Cristiano Ronaldo. Un sector mayoritario de espectadores dedicó feroces insultos y gritos al jugador portugués durante el tiempo que éste permaneció en el terreno de juego, sin que Cristiano, apático y poco participativo, hubiera hecho nada para llamar la atención (ni para bien, ni para mal).
Cristiano Ronaldo no me cae bien y, contra la opinión mayoritaria, pienso que no es tan buen futbolista como se suele pensar. Pero eso no justifica (ni en su caso, ni en el de ningún otro jugador) el trato que recibió en Riazor. La actitud de ensañamiento de parte del público hacia él no es digna de unos espectadores que tantas veces se han distinguido por su actitud ejemplar. Deseo fervientemente que no se repita.
Sin embargo, ese comportamiento no fue tan maravilloso con motivo del reciente Trofeo Teresa Herrera, en el que el rival del conjunto herculino fue el Real Madrid, en cuyas filas milita Cristiano Ronaldo. Un sector mayoritario de espectadores dedicó feroces insultos y gritos al jugador portugués durante el tiempo que éste permaneció en el terreno de juego, sin que Cristiano, apático y poco participativo, hubiera hecho nada para llamar la atención (ni para bien, ni para mal).
Cristiano Ronaldo no me cae bien y, contra la opinión mayoritaria, pienso que no es tan buen futbolista como se suele pensar. Pero eso no justifica (ni en su caso, ni en el de ningún otro jugador) el trato que recibió en Riazor. La actitud de ensañamiento de parte del público hacia él no es digna de unos espectadores que tantas veces se han distinguido por su actitud ejemplar. Deseo fervientemente que no se repita.
jueves, 18 de julio de 2013
Palabras y sucesos célebres, 6: Vigo, ombligo del mundo
La Comisión Europea, a instancias del comisario de la Competencia, el español Joaquín Almunia, ha ordenado al gobierno español que reclame la devolución de ciertas ayudas financieras que en su día fueron concedidas a algunas de las entidades involucradas en el sector naval. Esta decisión, que ya se anticipaba desde años anteriores, ha sido fuertemente contestada, incluso antes de que fuera firme, por políticos y trabajadores de distintas empresas del sector establecidas en diversos puntos de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Es decir, se trata de un problema que afecta a muchas personas de muchos sitios.
El indescriptible alcalde de Vigo, Abel Caballero, y el líder del PP en el ayuntamiento de la ciudad, un individuo gris, irrelevante y poco menos que invisible que, al parecer, atiende al nombre de Chema Figueroa, han calificado la actuación de la Comisión en general y de Almunia en particular de ataque directo a Vigo, dando a entender, al menos implícitamente, que la repercusión de la decisión europea en otros lugares es poco menos que insignificante.
Ante esto, y como en muchas otras ocasiones previas, sigo preguntándome si será posible que alguna vez llegue a existir un vigués que no esté convencido de que el mundo se acaba en el Alto de Puxeiros.
El indescriptible alcalde de Vigo, Abel Caballero, y el líder del PP en el ayuntamiento de la ciudad, un individuo gris, irrelevante y poco menos que invisible que, al parecer, atiende al nombre de Chema Figueroa, han calificado la actuación de la Comisión en general y de Almunia en particular de ataque directo a Vigo, dando a entender, al menos implícitamente, que la repercusión de la decisión europea en otros lugares es poco menos que insignificante.
Ante esto, y como en muchas otras ocasiones previas, sigo preguntándome si será posible que alguna vez llegue a existir un vigués que no esté convencido de que el mundo se acaba en el Alto de Puxeiros.
jueves, 4 de julio de 2013
La vida hace lo que quiere
El lunes 1 de julio de 2013 los cinco miembros de mi familia inmediata coincidimos por primera vez en la circunstancia de realizar un trabajo remunerado. Yo soy profesor universitario, mi esposa trabaja en una entidad bancaria, mis dos hijos mayores están haciendo sus tesis doctorales y perciben una remuneración mensual con cargo a proyectos de investigación, y, finalmente, mi hijo pequeño comenzaba las prácticas que debe completar para obtener su título universitario de grado, prácticas que comportan un pequeño sueldo mensual.
Cuando me percaté de esa circunstancia no pude evitar pensar que hay cientos de miles de familias españolas en las que todos sus miembros están desempleados. No entré en más disquisiciones sobre lo justo o lo injusto de la situación, o si sobre el hecho confirma o no la teoría de que con esfuerzo todo se consigue, o si tenemos una suerte especial. Sencillamente dejé constancia para mí mismo del hecho y lo catalogué de inexplicable mediante las habituales leyes sociológicas.
La verdad, lo único que se me ocurre para explicar esta situación tan dispar es aceptar que la vida hace lo que quiere.
Cuando me percaté de esa circunstancia no pude evitar pensar que hay cientos de miles de familias españolas en las que todos sus miembros están desempleados. No entré en más disquisiciones sobre lo justo o lo injusto de la situación, o si sobre el hecho confirma o no la teoría de que con esfuerzo todo se consigue, o si tenemos una suerte especial. Sencillamente dejé constancia para mí mismo del hecho y lo catalogué de inexplicable mediante las habituales leyes sociológicas.
La verdad, lo único que se me ocurre para explicar esta situación tan dispar es aceptar que la vida hace lo que quiere.
sábado, 15 de junio de 2013
Tontos en la EIT-Vigo
En su artículo de El Semanal del 16 de junio de 2013, Arturo Pérez-Reverte sostiene que es más peligroso un tonto que un malvado, e indica algunas de las razones que le inducen a pensar así. No se trata de nada novedoso. El propio Pérez-Reverte y otros autores han sostenido, en reiteradas ocasiones, la validez de esta hipótesis. Hipótesis que yo comparto desde hace mucho tiempo. Lo que me lleva a volver sobre este manido tema es el ejemplo concreto, tomado de la vida real, que Pérez-Reverte incluye en su artículo a guisa de ilustración de la referida teoría.
Habla Pérez-Reverte de una orca confinada en un acuario de Argentina. Recogida varada en una playa cuando era poco más que una cría, lleva más de veinte años en el lugar en el que fue alojada y en el que, según el autor, es tratada a cuerpo de rey. Al parecer, algunos grupos ecologistas acaban de enterarse de la situación del animal y reclaman a voz en grito su inmediata devolución al medio marino en el que nació. Por su parte, distintos científicos se oponen vehementemente a esta acción, alegando que, en definitiva, ello supondría la muerte inmediata de la orca, bien porque no aprendió a desenvolverse en el océano, bien por ser asesinada por los congéneres a los que pretendiera unirse, que inmediatamente la catalogarían de intrusa no deseada. Para Pérez-Reverte, los ecologistas son los tontos a los que me refería más arriba y la nefasta consecuencia de sus actos sería (no me quedó claro si la liberación se llevó efectivamente a cabo o no) justamente lo contrario de lo que se pretendía: el fallecimiento, probablemente cruel, de la orca a la que se pretendía salvar.
Por una perversa asociación de ideas, el ejemplo de Pérez-Reverte me llevó a pensar en lo que ocurre en la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidad de Vigo (EIT-Vigo). En este centro, como en cualquier otro de carácter universitario, se persigue que los alumnos se gradúen con la mayor capacitación posible. Sin embargo, en los últimos años, este objetivo parece haberse sacrificado al de hacer la vida de los alumnos lo más placentera posible. Hay tutores (tanto profesores, como alumnos de cursos superiores), conferencias de apoyo, coordinadores de asignaturas, de cursos y de titulación, infinidad de protocolos de control de calidad y otras cosas por el estilo. El interés de este objetivo está creciendo tanto que, en la mayoría de las reuniones en las que se ven poco menos que forzados a participar cada vez más miembros del claustro de profesores, ya no se habla de contenidos de las asignaturas o de los esfuerzos que han de hacer los alumnos para superarlas. Todo se reduce a verificar hasta qué punto se siguen al pie de la letra los procedimientos acordados anteriormente o a instaurar otros nuevos.
Desde luego que no es malo, sino todo lo contrario, que se facilite, dentro de lo posible, la vida a los alumnos, como no es malo que las orcas vivan en libertad. Pero eso no debe hacer olvidar que esos alumnos han de graduarse como ingenieros (las orcas han de sobrevivir). Y ciertos profesores (los ecologistas) creen que, conseguido el primer objetivo, el segundo caerá inevitablemente por su propio peso, lo cual contradice la razón y el sentido común. Lo malo, como apunta Pérez-Reverte en su artículo, es que con algunos malvados es posible llegar a razonar e incluso conseguir que, al menos en ciertos casos, modifiquen sus conductas; pero, con un tonto, es de todo punto imposible.
Habla Pérez-Reverte de una orca confinada en un acuario de Argentina. Recogida varada en una playa cuando era poco más que una cría, lleva más de veinte años en el lugar en el que fue alojada y en el que, según el autor, es tratada a cuerpo de rey. Al parecer, algunos grupos ecologistas acaban de enterarse de la situación del animal y reclaman a voz en grito su inmediata devolución al medio marino en el que nació. Por su parte, distintos científicos se oponen vehementemente a esta acción, alegando que, en definitiva, ello supondría la muerte inmediata de la orca, bien porque no aprendió a desenvolverse en el océano, bien por ser asesinada por los congéneres a los que pretendiera unirse, que inmediatamente la catalogarían de intrusa no deseada. Para Pérez-Reverte, los ecologistas son los tontos a los que me refería más arriba y la nefasta consecuencia de sus actos sería (no me quedó claro si la liberación se llevó efectivamente a cabo o no) justamente lo contrario de lo que se pretendía: el fallecimiento, probablemente cruel, de la orca a la que se pretendía salvar.
Por una perversa asociación de ideas, el ejemplo de Pérez-Reverte me llevó a pensar en lo que ocurre en la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidad de Vigo (EIT-Vigo). En este centro, como en cualquier otro de carácter universitario, se persigue que los alumnos se gradúen con la mayor capacitación posible. Sin embargo, en los últimos años, este objetivo parece haberse sacrificado al de hacer la vida de los alumnos lo más placentera posible. Hay tutores (tanto profesores, como alumnos de cursos superiores), conferencias de apoyo, coordinadores de asignaturas, de cursos y de titulación, infinidad de protocolos de control de calidad y otras cosas por el estilo. El interés de este objetivo está creciendo tanto que, en la mayoría de las reuniones en las que se ven poco menos que forzados a participar cada vez más miembros del claustro de profesores, ya no se habla de contenidos de las asignaturas o de los esfuerzos que han de hacer los alumnos para superarlas. Todo se reduce a verificar hasta qué punto se siguen al pie de la letra los procedimientos acordados anteriormente o a instaurar otros nuevos.
Desde luego que no es malo, sino todo lo contrario, que se facilite, dentro de lo posible, la vida a los alumnos, como no es malo que las orcas vivan en libertad. Pero eso no debe hacer olvidar que esos alumnos han de graduarse como ingenieros (las orcas han de sobrevivir). Y ciertos profesores (los ecologistas) creen que, conseguido el primer objetivo, el segundo caerá inevitablemente por su propio peso, lo cual contradice la razón y el sentido común. Lo malo, como apunta Pérez-Reverte en su artículo, es que con algunos malvados es posible llegar a razonar e incluso conseguir que, al menos en ciertos casos, modifiquen sus conductas; pero, con un tonto, es de todo punto imposible.
lunes, 3 de junio de 2013
Grande, Deportivo
Hemos descendido a segunda división; para más inri, al hacerlo hemos ayudado al Celta a permanecer en primer división.
Es igual. Al margen de cualquier otra consideración, el Deportivo es y será grande por su afición. Una afición que permite crear imágenes como la sensacional de la portada de La Voz de Galicia del domingo 2 de junio de 2013: lágrimas y dolor, y orgullo y determinación.
¡Si esta situación se completase con la marcha de César Augusto Lendoiro, la amargura sería menor y la confianza en el futuro, mayor!
Por siempre, Forza, Dépor!
Es igual. Al margen de cualquier otra consideración, el Deportivo es y será grande por su afición. Una afición que permite crear imágenes como la sensacional de la portada de La Voz de Galicia del domingo 2 de junio de 2013: lágrimas y dolor, y orgullo y determinación.
¡Si esta situación se completase con la marcha de César Augusto Lendoiro, la amargura sería menor y la confianza en el futuro, mayor!
Por siempre, Forza, Dépor!
lunes, 20 de mayo de 2013
Vigo y la manía de comparar
El ministro de Justicia está trajinando un plan según el cual Vigo perdería su actual carácter de cabeza de partido judicial, ya que habría uno solo por provincia y radicado en la capital correspondiente.
Esta perspectiva parece disgustar a muchos ciudadanos e instituciones vigueses. Para oponerse a ella los discordantes han acudido mayoritariamente al tan arraigado como inútil y estúpido vicio vigués de hacer comparaciones odiosas.
Vigo es la ciudad de las comparaciones. Para presumir (¡hay que ver lo buenos que somos!) y para formular quejas (¡fíjate!; ese sitio, que no vale nada comparado con nosotros, tiene tal cosa y a nosotros nos la niegan). Recurriendo a esta táctica, que jamás les ha servido para nada útil, la última de los vigueses, recogida por La Voz de Galicia, que, con tal de vender periódicos, a veces es más viguesa (su sede y sus principales intereses están en La Coruña) que los propios vigueses, ha sido la de sacar una lista en la que se muestra que en Vigo se pagan más impuestos que en veintiocho capitales de provincia (¿cómo puede ser que, ante este hecho, ellas vayan a conservar sus partidos judiciales y Vigo esté condenada a perderlo?).
En la lista no figuraba La Coruña, lo cual sugiere que en la segunda, pese a tener menos habitantes (doscientos cincuenta mil frente a trescientos mil), se pagan más impuestos que en Vigo. Y esto me sumerge en un dilema atroz. ¿Acaso Vigo no es el motor económico de Galicia que sus habitantes dicen que es? ¿O sí lo es realmente, pero la ciudad están tan llena de chorizos que no se pagan todos los impuestos que se deberían?
Pregunta final: ¿algún día Vigo se preocupará de sí misma y dejará de prestar atención a lo que ocurre en otras partes?
Esta perspectiva parece disgustar a muchos ciudadanos e instituciones vigueses. Para oponerse a ella los discordantes han acudido mayoritariamente al tan arraigado como inútil y estúpido vicio vigués de hacer comparaciones odiosas.
Vigo es la ciudad de las comparaciones. Para presumir (¡hay que ver lo buenos que somos!) y para formular quejas (¡fíjate!; ese sitio, que no vale nada comparado con nosotros, tiene tal cosa y a nosotros nos la niegan). Recurriendo a esta táctica, que jamás les ha servido para nada útil, la última de los vigueses, recogida por La Voz de Galicia, que, con tal de vender periódicos, a veces es más viguesa (su sede y sus principales intereses están en La Coruña) que los propios vigueses, ha sido la de sacar una lista en la que se muestra que en Vigo se pagan más impuestos que en veintiocho capitales de provincia (¿cómo puede ser que, ante este hecho, ellas vayan a conservar sus partidos judiciales y Vigo esté condenada a perderlo?).
En la lista no figuraba La Coruña, lo cual sugiere que en la segunda, pese a tener menos habitantes (doscientos cincuenta mil frente a trescientos mil), se pagan más impuestos que en Vigo. Y esto me sumerge en un dilema atroz. ¿Acaso Vigo no es el motor económico de Galicia que sus habitantes dicen que es? ¿O sí lo es realmente, pero la ciudad están tan llena de chorizos que no se pagan todos los impuestos que se deberían?
Pregunta final: ¿algún día Vigo se preocupará de sí misma y dejará de prestar atención a lo que ocurre en otras partes?
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