Ha terminado el campeonato de liga de fútbol en primera división. El Villarreal es uno de los tres equipos descendidos. Lo entrenaba Miguel Ángel Lotina (MALO) desde hacía unas diez jornadas. Cuando MALO se hizo cargo de él, el Villarreal parecía fuera de peligro, aunque se mantenía relativamente próximo a la zona de descenso.
Tratando de justificar el resultado final, MALO aludió a supuestos manejos oscuros, acerca de los que admitió no tener pruebas, para perjudicar a unos equipos en beneficio de otros. Desde luego, no se refirió al detalle de que el Villarreal es el quinto equipo que desciende tras contar con MALO como entrenador. Y, entre esos equipos, se encuentra el mío de toda la vida, el Real Club Deportivo de La Coruña, a quien llevó a segunda división en la temporada 2010-11.
Los entrenadores de fútbol actuales (por lo menos, los españoles) tienen un afán de protagonismo muy pronunciado. Les gusta cambiar alineaciones sin venir a cuento, poner a jugadores en puestos distintos de aquellos en los que se desenvuelven naturalmente, o idear tácticas cuando menos cuestionables. En ese sentido, MALO no es distinto de sus compañeros de profesión.
Lo que hace tan peculiar a MALO es su miedo, el insuperable e invencible terror que siente ante la mera posibilidad de que su equipo pueda ser derrotado en un encuentro. Para intentar conjurar esa derrota, que siempre acaba llegando, MALO cercena cualquier asomo de creatividad que pueda haber en su conjunto y prohibe (esto es una exageración, pero no excesiva) que jamás haya más de cuatro de sus hombres en el medio campo rival, incluso aunque el equipo vaya perdiendo. Su propio rostro, en el que jamás se dibujó algo más que un rictus triste y desesperanzado, delata con claridad la naturaleza de las ideas futbolísticas de MALO.
Con el resultado de esta temporada MALO ha demostrado una vez más (y van ¿cuántas?) que lo suyo no es el fútbol. Los hados se empeñan en castigarlo, pero él no parece querer enterarse. Y con él, los presidentes de los clubes que lo contratan (incluido Lendoiro, del Deportivo). ¿Hasta cuándo seguirá torturando a los seguidores de los equipos que tengan la desgracia o cometan el error de contratarlo?
jueves, 17 de mayo de 2012
martes, 1 de mayo de 2012
La izquierda que ¿nos merecemos?
Voy a contar un ejemplo, absolutamente real, de cómo piensa y actúa la izquierda progresista española. Creo que sería más preciso hablar de pseudoizquierda cavernícola y pseudoderecha iluminada, pero dejémoslo así. Todos sabemos a quiénes nos referimos.
Hace un par de días se difundió en la red interna de la Universidad de Vigo (UVigo) un correo electrónico en el que la organización Red Madre (RM) solicitaba aportaciones de ropa de bebé que ya no fuera útil para sus propietarios. RM es, cito textualmente utilizando la página web http://www.redmadre.es/quienes.php, "una Fundación creada en 2007 con el propósito de activar una Red solidaria de apoyo, asesoramiento y ayuda a la mujer para superar cualquier conflicto surgido ante un embarazo imprevisto, en toda España". Conozco personalmente a algún miembro de RM y debo decir que no le tengo ninguna simpatía, como tampoco la siento por militantes del PP, PSOE, IU, o BNG a los que tengo la desgracia de conocer.
Una persona (EL) de la UVigo, quizá ignorando que el correo aludido ya había llegado a toda la institución, lo redifundió, y obtuvo una réplica de otro miembro (RB) de la institución, en la que podían leerse cosas como las siguientes (de nuevo transcribo literalmente, sin cambiar nada):
Hace un par de días se difundió en la red interna de la Universidad de Vigo (UVigo) un correo electrónico en el que la organización Red Madre (RM) solicitaba aportaciones de ropa de bebé que ya no fuera útil para sus propietarios. RM es, cito textualmente utilizando la página web http://www.redmadre.es/quienes.php, "una Fundación creada en 2007 con el propósito de activar una Red solidaria de apoyo, asesoramiento y ayuda a la mujer para superar cualquier conflicto surgido ante un embarazo imprevisto, en toda España". Conozco personalmente a algún miembro de RM y debo decir que no le tengo ninguna simpatía, como tampoco la siento por militantes del PP, PSOE, IU, o BNG a los que tengo la desgracia de conocer.
Una persona (EL) de la UVigo, quizá ignorando que el correo aludido ya había llegado a toda la institución, lo redifundió, y obtuvo una réplica de otro miembro (RB) de la institución, en la que podían leerse cosas como las siguientes (de nuevo transcribo literalmente, sin cambiar nada):
Se non fóra polo momento actual de fascismo puro e duro que temos neste pais
-so hai que ver os recortes que afectan a cáseque todo e todos, o correo de
la RED MADRE ata provocaría algunha risa.
-so hai que ver os recortes que afectan a cáseque todo e todos, o correo de
la RED MADRE ata provocaría algunha risa.
[...]
Agora atacades todos os retro ou fachas ou como vos queirades chamar pedindo
roupiña para os futuros, sempre mirades para os futuros pero nunca para os
presentes.
roupiña para os futuros, sempre mirades para os futuros pero nunca para os
presentes.
[...]
Supoño que estás plenamente de acordo cos obispos, rajoys, feijos, sorayitas
e compañía coa súa política: hai que coidar as futuras nais facilitándolles
roupiña para os seus bandullos; seredes boíños e iredes ao ceo.
Se logo estes bandullos engrosan a lista de xente marxinal, sen traballo,
sen sanidade, sen vivenda "todo o que di esa marabillosa constitución que
temos", miraredes para outro lado e non teredes culpa de nada.
Non sexades hipócritas, axudade a que unha muller poida decidir tendo
cubertas as súas necesidades de traballo, vivenda, sanidade e escola, e se
logo queredes regalarlle roupiña, adiante.
e compañía coa súa política: hai que coidar as futuras nais facilitándolles
roupiña para os seus bandullos; seredes boíños e iredes ao ceo.
Se logo estes bandullos engrosan a lista de xente marxinal, sen traballo,
sen sanidade, sen vivenda "todo o que di esa marabillosa constitución que
temos", miraredes para outro lado e non teredes culpa de nada.
Non sexades hipócritas, axudade a que unha muller poida decidir tendo
cubertas as súas necesidades de traballo, vivenda, sanidade e escola, e se
logo queredes regalarlle roupiña, adiante.
O sea, que pedir ropa para niños es ser "retro" o "facha". ¿También lo era cuando lo hacían las organizaciones sociales de la República durante la Guerra Civil Española? ¿También lo es cuando lo hacen algunas ONGs en la actualidad, en el marco de programas de ayuda al Tercer Mundo? ¿Es así como razona la izquierda cavernícola? ¿Por qué, para defender el derecho al aborto, que suele ser algo que esgrimen quienes atacan a RM, es necesario echar la lengua a pastar, insultando a todo lo que se mueve?
Con textos como el mencionado, la izquierda es más cavernícola de lo que lo fue la Iglesia católica durante el franquismo, que aplicaba al pie de la letra dos principios claves: 1) quien no está conmigo, está contra mí, y 2) los herejes son seres despreciables y no merecen ninguna consideración.
Lo malo es que la cosa no acaba ahí. Al correo de RB siguió un segundo de EL, en el que se apuntaban cosas como las siguientes (como siempre, cito sin alterar nada):
A intención da mensaxe non ten nada que ver con políticas, nin historias de iglesia nin intereconomía nin gaitas. Supoñer, supoñedes mal porque nin son do PP, nin partidaria do Rajoy ou da Soraya, todo o contrario. Non creo na relixión, e moito menos na Igrexa e nos curas, pero iso son outras historias que creo que non lle importan a ninguén...
Poñerse a valorar as miñas ideas sin ter nin idea, paréceme un atrevemento bestial...
Eu só creo na xente de a pé, e hai moitísima que necesita axuda, porque o está pasando mal, e iso é o único que me importa, o demáis, me sobra.
Poñerse a valorar as miñas ideas sin ter nin idea, paréceme un atrevemento bestial...
Eu só creo na xente de a pé, e hai moitísima que necesita axuda, porque o está pasando mal, e iso é o único que me importa, o demáis, me sobra.
[...]
A verdade é que escapou das miñas posibilidades lóxicas que a algunha xente lle sentase tan mal o correo...
Lógica la sorpresa de EL. ¿Con qué datos se atrevía RB a formular unos juicios tan temerarios? Obsérvese que la réplica es bastante suave (yo habría sido mucho más salvaje). Pero RB no tenía suficiente. En lugar de reconocer el error de su temeridad y pedir disculpas, soltó lo que sigue:
A miña intención non é ofender, pero se ti colaboras cunha RED MADRE que
cheira a facha que apesta, tes que asumir que alguén opine o que eu.
Todos somos libres de pedir colaboración con quen consideremos, pero iso
implica que haxa outros que teñamos outra opinión e o poñamos de manifesto.
O da "caridade" o deixamos xa que aínda cheira peor.
cheira a facha que apesta, tes que asumir que alguén opine o que eu.
Todos somos libres de pedir colaboración con quen consideremos, pero iso
implica que haxa outros que teñamos outra opinión e o poñamos de manifesto.
O da "caridade" o deixamos xa que aínda cheira peor.
¡Perfecto! RB, desde su omnisciencia y desde su ecuanimidad, reparte calificativos a su gusto, al igual que Standard&Poor's califica a su antojo la deuda de países y entidades. La izquierda española no sólo es pseudo y cavernícola; también es dogmática. Ya sólo queda por dilucidar si son más o menos infalibles que el Papa de Roma.
¡Por Dios, por el infierno, o por Karl Marx! ¿Qué hemos hecho los españoles para merecer esta basura de izquierda antediluviana, faltona, irrespetuosa, dogmática, fanática, inculta, grosera, incivilizada y totalmente incapaz de aportar nada positivo?
domingo, 8 de abril de 2012
Islamistas católicos
A veces creo que entiendo a los islamistas fanáticos.
Conozco a una señora de ochenta años. Aparte de la edad y los achaques típicos está en plena forma, aunque se resista a aceptarlo porque es bastante hipocondríaca. Su marido es dos o tres años mayor y tiene hijos cincuentones. Tiene una capacidad de mando que asusta. Pero no porque grite o adopte venganzas terribles si no se cumplen sus deseos. ¡Qué va! Cuando está enfadada o alguien opone resistencia a lo que ella desea, se limita a dejar de hablar al ofensor. Éste puede pasarse unos días, un par de semanas o un mes sin recibir una sola palabra de la buena señora. Ésa es su táctica favorita con su marido. Bueno, hay que aclarar que, hasta cierto punto, el hombre se lo buscó; no marcó los límites en los inicios de su matrimonio y ahora lleva cincuenta años penando, sometido a la tiranía absoluta de su esposa.
La señora es católica, muy católica, o lo que ella entiende por "católica". Quiero decir que cumple escrupulosamente los preceptos y reglamentos, pero ignora totalmente el fondo. Así, el amor, la comprensión, el respeto a los demás o el sacrificio son conceptos totalmente ajenos a su religión. Véase.
Semana Santa. La señora tiene que asistir a todas las procesiones, porque al parecer es obligatorio. No sé de dónde pudo sacar esa creencia, pero la aplica a rajatabla. Más todavía, obliga a su marido a acompañarla. El pasado jueves santo asistieron a una procesión que empezaba a las diez de la noche. Consecuencia: el esposo se resfrió, pero ella lo dio por bien empleado porque habían obedecido los deseos de Dios (?). Para el viernes santo el hombre hizo acopio de sus escasas reservas de coraje y se negó a acudir a la procesión de ese día. La señora, que no se atreve a hacer nada si no la acompaña alguien, tampoco fue, aunque, eso sí, refunfuñando. El sábado por la mañana la mujer tropezó con una puerta y se hizo una pequeña herida en una espinilla. Su conclusión fue que Dios la había castigado por haber faltado a la procesión del día anterior.
Creo que es superfluo precisar que, hasta donde yo sé, la asistencia a las procesiones no es obligatoria bajo ningún concepto y que Dios no suele aplicar castigos tan miserables como triviales a quienes no asisten a ellas. Pues intenten explicar esto a la mujer de la que estoy hablando y luego díganme si hay mucha diferencia entre algunos islamistas y algunos católicos.
Y es que fanáticos los hay en todas partes.
Conozco a una señora de ochenta años. Aparte de la edad y los achaques típicos está en plena forma, aunque se resista a aceptarlo porque es bastante hipocondríaca. Su marido es dos o tres años mayor y tiene hijos cincuentones. Tiene una capacidad de mando que asusta. Pero no porque grite o adopte venganzas terribles si no se cumplen sus deseos. ¡Qué va! Cuando está enfadada o alguien opone resistencia a lo que ella desea, se limita a dejar de hablar al ofensor. Éste puede pasarse unos días, un par de semanas o un mes sin recibir una sola palabra de la buena señora. Ésa es su táctica favorita con su marido. Bueno, hay que aclarar que, hasta cierto punto, el hombre se lo buscó; no marcó los límites en los inicios de su matrimonio y ahora lleva cincuenta años penando, sometido a la tiranía absoluta de su esposa.
La señora es católica, muy católica, o lo que ella entiende por "católica". Quiero decir que cumple escrupulosamente los preceptos y reglamentos, pero ignora totalmente el fondo. Así, el amor, la comprensión, el respeto a los demás o el sacrificio son conceptos totalmente ajenos a su religión. Véase.
Semana Santa. La señora tiene que asistir a todas las procesiones, porque al parecer es obligatorio. No sé de dónde pudo sacar esa creencia, pero la aplica a rajatabla. Más todavía, obliga a su marido a acompañarla. El pasado jueves santo asistieron a una procesión que empezaba a las diez de la noche. Consecuencia: el esposo se resfrió, pero ella lo dio por bien empleado porque habían obedecido los deseos de Dios (?). Para el viernes santo el hombre hizo acopio de sus escasas reservas de coraje y se negó a acudir a la procesión de ese día. La señora, que no se atreve a hacer nada si no la acompaña alguien, tampoco fue, aunque, eso sí, refunfuñando. El sábado por la mañana la mujer tropezó con una puerta y se hizo una pequeña herida en una espinilla. Su conclusión fue que Dios la había castigado por haber faltado a la procesión del día anterior.
Creo que es superfluo precisar que, hasta donde yo sé, la asistencia a las procesiones no es obligatoria bajo ningún concepto y que Dios no suele aplicar castigos tan miserables como triviales a quienes no asisten a ellas. Pues intenten explicar esto a la mujer de la que estoy hablando y luego díganme si hay mucha diferencia entre algunos islamistas y algunos católicos.
Y es que fanáticos los hay en todas partes.
sábado, 31 de marzo de 2012
Apuntes sobre una huelga general
Una mujer joven, con una pegatina de CCOO en su pechera, hace cola en una panadería de Vigo a media mañana del jueves 29 de marzo de 2012, día de huelga general convocada por las organizaciones sindicales y apoyada por el PSOE e IU contra la reforma laboral promovida por el gobierno del PP. Llegado su turno, compra el pan que necesita, paga y, sin transición, abronca al propietario por mantener abierto el local en una jornada de paro (de esto fue testigo ocular una compañera de trabajo de PLE).
Piquetes informativos: grupos de bestias que obligan a cerrar negocios o que amenazan con romperte la crisma si intentas trabajar en un día de huelga general. ¿Por qué los que quieren trabajar, de grado o por fuerza, no crean otros piquetes informativos para obligar a abrir negocios o para amenazar con romperte la crisma si no te presentas ipso facto en tu puesto de trabajo?
El secretario general de uno de los dos mayores sindicatos españoles declaró (según La Voz de Galicia) que, en días de huelga, el derecho a parar prevalece sobre el derecho a trabajar. No está claro si esta afirmación le fue inspirada por revelación divina o si la dedujo él mismo poniendo en práctica su don de infalibilidad, similar al del Papa.
Los secretarios generales de los dos mayores sindicatos españoles vociferan en televisión (los oí yo en persona) utilizando un lenguaje y unas proclamas de principios del siglo XX. Me recuerdan a Hitler, convocando a los alemanes para que se lancen a invadir países.
Los secretarios generales de los sindicatos convocantes del paro ¿hicieron huelga o no? (duda metafísica que me asalta). Al parecer, no, porque estaban haciendo su supuesto trabajo de movilizar y organizar a la clase trabajadora en defensa de sus derechos; luego son esquiroles. Si hubieran hecho huelga y se hubieran quedado en sus casas, ¿se habrían descontado a sí mismos el jornal correspondiente a ese día?
Los sindicatos hablan de éxito de la convocatoria por el número de personas que asistieron a las manifestaciones de cierre de la jornada. La Voz pone ese número en medio millón, sólo en Galicia (pelín exagerados, ¿no?). El País, teórico paladín de la izquierda española, habla de ochocientas mil en más de cien ciudades y villas (puede que se hayan quedado algo cortos). Entonces, ¿por qué cuando la Iglesia católica y otras organizaciones afines reúnen sólo en Madrid a más de un millón de personas en una manifestación contra el aborto se tilda la convocatoria de fracaso?
Si un gobierno votado mayoritariamente en las urnas toma unas decisiones anunciadas (¿alguien dudaba de que el PP iba a hacer exactamente lo que está haciendo?) y éstas no gustan a la oposición, ¿tiene ésta el derecho (otra duda metafísica) de tratar de cambiarlas a base de conflictividad social?
Según datos de consumo eléctrico instantáneo proporcionados por Red Eléctrica Española, la del 29/03/12 fue la que experimentó una menor caída de consumo entre las ocho huelgas generales que hubo en España desde la muerte de Franco. ¿Fracaso o éxito de la huelga? (más dudas metafísicas).
Los países europeos en los que está prohibida la huelga general (como Reino Unido, Dinamarca o Alemania entre otros, según diversos periódicos) ¿no son democráticos?
Al hilo de todo esto y sin que tenga que ver, más que de refilón, con la huelga, ¿por qué no dimite nadie y por qué no se actúa con seriedad contra los grupos violentos que campan por Barcelona en cualquier celebración masiva (fin de año, triunfos futboleros, una huega como la del otro día) destrozando todo lo que encuentran a su paso?
Piquetes informativos: grupos de bestias que obligan a cerrar negocios o que amenazan con romperte la crisma si intentas trabajar en un día de huelga general. ¿Por qué los que quieren trabajar, de grado o por fuerza, no crean otros piquetes informativos para obligar a abrir negocios o para amenazar con romperte la crisma si no te presentas ipso facto en tu puesto de trabajo?
El secretario general de uno de los dos mayores sindicatos españoles declaró (según La Voz de Galicia) que, en días de huelga, el derecho a parar prevalece sobre el derecho a trabajar. No está claro si esta afirmación le fue inspirada por revelación divina o si la dedujo él mismo poniendo en práctica su don de infalibilidad, similar al del Papa.
Los secretarios generales de los dos mayores sindicatos españoles vociferan en televisión (los oí yo en persona) utilizando un lenguaje y unas proclamas de principios del siglo XX. Me recuerdan a Hitler, convocando a los alemanes para que se lancen a invadir países.
Los secretarios generales de los sindicatos convocantes del paro ¿hicieron huelga o no? (duda metafísica que me asalta). Al parecer, no, porque estaban haciendo su supuesto trabajo de movilizar y organizar a la clase trabajadora en defensa de sus derechos; luego son esquiroles. Si hubieran hecho huelga y se hubieran quedado en sus casas, ¿se habrían descontado a sí mismos el jornal correspondiente a ese día?
Los sindicatos hablan de éxito de la convocatoria por el número de personas que asistieron a las manifestaciones de cierre de la jornada. La Voz pone ese número en medio millón, sólo en Galicia (pelín exagerados, ¿no?). El País, teórico paladín de la izquierda española, habla de ochocientas mil en más de cien ciudades y villas (puede que se hayan quedado algo cortos). Entonces, ¿por qué cuando la Iglesia católica y otras organizaciones afines reúnen sólo en Madrid a más de un millón de personas en una manifestación contra el aborto se tilda la convocatoria de fracaso?
Si un gobierno votado mayoritariamente en las urnas toma unas decisiones anunciadas (¿alguien dudaba de que el PP iba a hacer exactamente lo que está haciendo?) y éstas no gustan a la oposición, ¿tiene ésta el derecho (otra duda metafísica) de tratar de cambiarlas a base de conflictividad social?
Según datos de consumo eléctrico instantáneo proporcionados por Red Eléctrica Española, la del 29/03/12 fue la que experimentó una menor caída de consumo entre las ocho huelgas generales que hubo en España desde la muerte de Franco. ¿Fracaso o éxito de la huelga? (más dudas metafísicas).
Los países europeos en los que está prohibida la huelga general (como Reino Unido, Dinamarca o Alemania entre otros, según diversos periódicos) ¿no son democráticos?
Al hilo de todo esto y sin que tenga que ver, más que de refilón, con la huelga, ¿por qué no dimite nadie y por qué no se actúa con seriedad contra los grupos violentos que campan por Barcelona en cualquier celebración masiva (fin de año, triunfos futboleros, una huega como la del otro día) destrozando todo lo que encuentran a su paso?
lunes, 19 de marzo de 2012
Riazor
No lo entiendo. No entiendo cómo es posible que el estadio de Riazor acoja entre 25000 y 30000 personas en cada partido (el aforo máximo es de 35000).
El equipo está en Segunda. Es cierto que juega bien y va líder destacado y con muchas probabilidades de retornar a Primera. Pero el público está en esos números desde el principio, cuando todavía estaba fresca la frustración por el descenso de la temporada anterior. Da igual la hora del partido, que lo televisen en abierto o no, que el rival sea de fuste o que ocupe las últimas posiciones. El público llena Riazor.
Y aplaude. Aplaude y anima al equipo sin cesar. El domingo 18 de marzo de 2012 el Deportivo jugaba contra el Alcoyano, que marcha cuarto por la cola. Desde el primer minuto hasta el último, aplausos atronadores y cánticos y gritos de ánimo. Se aplaudió a rabiar a Xisco cuando fue sustituido, y eso que había fallado tres o cuatro ocasiones clamorosas de gol.
¿Qué especie de milagro se produce en Riazor? ¿Qué atrae a tantos deportivistas al campo? ¿Qué les hace animar hasta la extenuación?
Vista general del estadio de Riazor (La Coruña).
Sábado, 17 marzo 2012 (Deportivo 3 - Alcoyano 0).
Foto: Q.
El equipo está en Segunda. Es cierto que juega bien y va líder destacado y con muchas probabilidades de retornar a Primera. Pero el público está en esos números desde el principio, cuando todavía estaba fresca la frustración por el descenso de la temporada anterior. Da igual la hora del partido, que lo televisen en abierto o no, que el rival sea de fuste o que ocupe las últimas posiciones. El público llena Riazor.
MSL y Valerón, tras el encuentro Deportivo-Alcoyano.
La Coruña, sábado 17 marzo 2012.
Foto: Alejandro Barreiros Veiga (cedida por MSL).
Y aplaude. Aplaude y anima al equipo sin cesar. El domingo 18 de marzo de 2012 el Deportivo jugaba contra el Alcoyano, que marcha cuarto por la cola. Desde el primer minuto hasta el último, aplausos atronadores y cánticos y gritos de ánimo. Se aplaudió a rabiar a Xisco cuando fue sustituido, y eso que había fallado tres o cuatro ocasiones clamorosas de gol.
Torre de Marathon (estadio de Riazor).
Sábado, 17 marzo 2012.
Foto: Q.
sábado, 25 de febrero de 2012
¿Cuestión de actitud?
Uno de los deberes que debo cumplir para ganarme el sueldo es dar clases en la universidad. Nunca me gustó, aunque he ido superando ese sentimiento (no del todo, pero sí en gran medida) con el paso de los años. Independientemente de lo que otros piensen al respecto, creo que en general no lo hago del todo mal. Sin embargo, hay días en las que las clases me salen defectuosas; dicho de otro modo, no quedo en absoluto satisfecho de cómo desempeñé mi trabajo ante los alumnos. En la mayor parte de los casos eso se debe a que tenía el cerebro parcialmente ocupado por otros problemas; un cierto número de neuronas, que tendrían que estar concentradas en la clase, adquieren independencia y se dedican a rumiar cuestiones ajenas. Siempre supuse que eso le pasaría, con mayor o menor intensidad, a prácticamente todos los implicados en tareas de enseñanza, pero...
Hace unos años un profesor de instituto se levantó por la mañana. Advirtió a su esposa de que ese día iba a suicidarse. La mujer no le hizo caso; el tipo estaba bastante loco y su comportamiento oscilaba entre lo agresivo y lo profundamente depresivo. Ya había avisado en otras ocasiones sin llegar a consumar su propósito (aunque al menos una vez lo intentó, liberando el gas de una bombona). El hombre marchó a su centro de enseñanza y allí impartió las dos clases seguidas que le correspondían a primera hora. Terminada aquella tarea, fue a ver al director del instituto y le pidió permiso para salir durante un rato. Obtenido el permiso, se dirigió a un embalse de las afueras de la ciudad. Allí, en una zona en la que la orilla está bastante alta con relación al nivel del agua, se arrojó de cabeza. La acción concluyó con su muerte. La policía científica y el forense dictaminaron que el hombre no había muerto ahogado, sino a causa del fuerte choque de su cabeza contra el agua.
Nunca superé del todo el impacto de este suceso. Ya resulta bastante trágico que una persona se suicide. Pero no sé qué calificativo aplicar al hecho de que, antes de poner fin a su vida y con todo decidido, impartiera puntualmente las dos clases que le correspondían y que incluso pidiera permiso para abandonar el instituto. ¿Cómo dio aquellas clases? ¿Tan bien como lo hacía habitualmente (estaba considerado un excelente profesor por alumnos y compañeros)? ¿O parte de su mente estaba anticipando lo que iba a suceder al cabo de un rato?
Evidentemente, nunca lo sabremos. Pero, cada vez más, siempre que voy a dar clase y tengo un problema en la mente, me acuerdo de aquel hombre. Como si lo de hacerlo bien o mal fuera una cuestión de actitud.
Hace unos años un profesor de instituto se levantó por la mañana. Advirtió a su esposa de que ese día iba a suicidarse. La mujer no le hizo caso; el tipo estaba bastante loco y su comportamiento oscilaba entre lo agresivo y lo profundamente depresivo. Ya había avisado en otras ocasiones sin llegar a consumar su propósito (aunque al menos una vez lo intentó, liberando el gas de una bombona). El hombre marchó a su centro de enseñanza y allí impartió las dos clases seguidas que le correspondían a primera hora. Terminada aquella tarea, fue a ver al director del instituto y le pidió permiso para salir durante un rato. Obtenido el permiso, se dirigió a un embalse de las afueras de la ciudad. Allí, en una zona en la que la orilla está bastante alta con relación al nivel del agua, se arrojó de cabeza. La acción concluyó con su muerte. La policía científica y el forense dictaminaron que el hombre no había muerto ahogado, sino a causa del fuerte choque de su cabeza contra el agua.
Nunca superé del todo el impacto de este suceso. Ya resulta bastante trágico que una persona se suicide. Pero no sé qué calificativo aplicar al hecho de que, antes de poner fin a su vida y con todo decidido, impartiera puntualmente las dos clases que le correspondían y que incluso pidiera permiso para abandonar el instituto. ¿Cómo dio aquellas clases? ¿Tan bien como lo hacía habitualmente (estaba considerado un excelente profesor por alumnos y compañeros)? ¿O parte de su mente estaba anticipando lo que iba a suceder al cabo de un rato?
Evidentemente, nunca lo sabremos. Pero, cada vez más, siempre que voy a dar clase y tengo un problema en la mente, me acuerdo de aquel hombre. Como si lo de hacerlo bien o mal fuera una cuestión de actitud.
lunes, 6 de febrero de 2012
Audrey Hepburn y la "Historia de una monja"
Este fin de semana vi Historia de una monja y la película me impresionó. Se trata de una obra dirigida por Fred Zinnemann en 1959 y protagonizada por Audrey Hepburn. Está basada en la historia real de una monja belga. Había oído hablar de ella en numerosas ocasiones, pero nunca me había animado a verla. Siempre había considerado a Hepburn una buena actriz, pero un tanto extraña. Su carácter aparentemente delicado y frágil, aunque pródigo en simpatía, le da, en mi opinión, un cierto tono empalagoso a sus películas (Desayuno con diamanes, Cómo robar un millón). Incluso llega a suavizar demasiado a Humphrey Bogart en Sabrina. Teniendo en cuenta este prejuicio, imaginaba Historia de una monja como un relato amable sobre las vivencias de una religiosa más bien etérea. Sin embargo, yo estaba completamente equivocado.
La película resume el durísimo duelo que una persona mantiene consigo misma durante diez años. La monja entra en el convento (en 1930) animada por un propósito doble: servir a Dios y perfeccionarse, y servir a sus semejantes poniendo a su disposicíón sus profundos conocimientos de enfermera (es ayudante de quirófano, especializada en enfermedades tropicales). Pero ambos objetivos entran en conflicto: las normas de la orden le exigen renunciar a sí misma, dominar su orgullo y ser una humilde sierva de Dios dispuesta a obedecer sin rechistar lo que le indican sus superioras. De hecho, éstas, para llevar a la monja por el camino de perfección, sólo acceden a su deseo de ir al Congo a regañadientes y por un tiempo relativamente corto. Llamada de nuevo a Bélgica, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión del país por los alemanes, que matan a su padre cuando atendía a unos refugiados, deciden el resultado del cruel conflicto que tortura internamente a la monja; una tortura que llega a ser percibida por las personas más próximas a ella, quienes le aconsejan que sea menos dura y rígida consigo mismo.
Son muchas las películas que tratan de conflictos psicológicos. Pero en todas las que recuerdo hay un elemento externo: la inminente llegada de un bandido en Solo ante el peligro (por citar otro título de Zinnemann), la presencia de un capitán inútil y paranoico en Escala en Hawai (Mr. Roberts, de John Ford), o la tensión de una sala cerrada (Doce hombres sin piedad, de Lumet), por citar algunos ejemplos. En Historia de una monja el elemento externo, que sí existe, carece de importancia. La monja quiere cumplir los dos objetivos y va desesperándose progresivamente a medida que comprueba que no logra dominar su naturaleza más profunda. El resultado final es un relato desgarrador, de intensidad creciente y cada vez más emotivo.
No voy a negar que en este resultado tiene una gran influencia el excelente planteamiento de la película por parte de Zinnemann. Pero el factor clave es Audrey Hepburn. Su interpretación es tan sensacional que nos hace creer que el sufrimiento de su personaje es el que nosotros experimentamos. Empieza como una chica, poco más que una adolescente, de clase alta, tímida, religiosa e intrínsecamente feliz y acaba como una mujer de poco más de treinta años, destrozada, aniquilada por sí misma. La película nos muestra como avanza esa transformación en el rostro de Hepburn. Vestida con ropas de monja, con la obligación de llevar las manos metidas en las mangas del hábito y forzada a andar de la forma más discreta posible, disuadida de hablar más de lo estrictamente imprescindible, Hepburn sólo cuenta con su rostro como recurso expresivo. Y hace maravillas con él, siempre de forma contenida, pero palpable, hasta hacernos pensar que la mujer que termina la película es completamente distinta de la que la empezó. Vamos percibiendo su evolución, pero somos incapaces de precisar qué ha cambiado en su rostro de una secuencia a la siguiente. Es decir, algo así como lo justamente opuesto a la sobreactuada y gesticulante Meryl Streep.
Y ¿qué quieren que les diga? A mí me gusta y me convence mucho más Audrey Hepburn. Aunque me haya dejado todo el fin de semana con una fuerte sacudida emocional.
La película resume el durísimo duelo que una persona mantiene consigo misma durante diez años. La monja entra en el convento (en 1930) animada por un propósito doble: servir a Dios y perfeccionarse, y servir a sus semejantes poniendo a su disposicíón sus profundos conocimientos de enfermera (es ayudante de quirófano, especializada en enfermedades tropicales). Pero ambos objetivos entran en conflicto: las normas de la orden le exigen renunciar a sí misma, dominar su orgullo y ser una humilde sierva de Dios dispuesta a obedecer sin rechistar lo que le indican sus superioras. De hecho, éstas, para llevar a la monja por el camino de perfección, sólo acceden a su deseo de ir al Congo a regañadientes y por un tiempo relativamente corto. Llamada de nuevo a Bélgica, el estallido de la Segunda Guerra Mundial y la invasión del país por los alemanes, que matan a su padre cuando atendía a unos refugiados, deciden el resultado del cruel conflicto que tortura internamente a la monja; una tortura que llega a ser percibida por las personas más próximas a ella, quienes le aconsejan que sea menos dura y rígida consigo mismo.
Son muchas las películas que tratan de conflictos psicológicos. Pero en todas las que recuerdo hay un elemento externo: la inminente llegada de un bandido en Solo ante el peligro (por citar otro título de Zinnemann), la presencia de un capitán inútil y paranoico en Escala en Hawai (Mr. Roberts, de John Ford), o la tensión de una sala cerrada (Doce hombres sin piedad, de Lumet), por citar algunos ejemplos. En Historia de una monja el elemento externo, que sí existe, carece de importancia. La monja quiere cumplir los dos objetivos y va desesperándose progresivamente a medida que comprueba que no logra dominar su naturaleza más profunda. El resultado final es un relato desgarrador, de intensidad creciente y cada vez más emotivo.
No voy a negar que en este resultado tiene una gran influencia el excelente planteamiento de la película por parte de Zinnemann. Pero el factor clave es Audrey Hepburn. Su interpretación es tan sensacional que nos hace creer que el sufrimiento de su personaje es el que nosotros experimentamos. Empieza como una chica, poco más que una adolescente, de clase alta, tímida, religiosa e intrínsecamente feliz y acaba como una mujer de poco más de treinta años, destrozada, aniquilada por sí misma. La película nos muestra como avanza esa transformación en el rostro de Hepburn. Vestida con ropas de monja, con la obligación de llevar las manos metidas en las mangas del hábito y forzada a andar de la forma más discreta posible, disuadida de hablar más de lo estrictamente imprescindible, Hepburn sólo cuenta con su rostro como recurso expresivo. Y hace maravillas con él, siempre de forma contenida, pero palpable, hasta hacernos pensar que la mujer que termina la película es completamente distinta de la que la empezó. Vamos percibiendo su evolución, pero somos incapaces de precisar qué ha cambiado en su rostro de una secuencia a la siguiente. Es decir, algo así como lo justamente opuesto a la sobreactuada y gesticulante Meryl Streep.
Y ¿qué quieren que les diga? A mí me gusta y me convence mucho más Audrey Hepburn. Aunque me haya dejado todo el fin de semana con una fuerte sacudida emocional.
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