Vista parcial de la EIT-UVigo. Foto: ESS; noviembre 2013
Vista parcial de la EIT-UVigo. Foto: ESS; julio 2012
Una de las declaraciones que obtuvo fue que, según la perspectiva de un alumno, la universidad debe interferir, con sus requisitos en materia de exámenes, trabajos, o asistencia a clase, lo menos posible en el tiempo libre de los estudiantes. X no supo qué pensar de tal declaración de principios. Al final, llegó a la conclusión de que el alumno consideraba que su actividad principal era disfrutar de la vida y que los estudios son un mal que hay que soportar por imperativos sociales; algo así como ir al dentista cuando se tiene una muela picada. Peor todavía, si ésa es la forma de pensar de un cierto porcentaje de alumnos (X tiene motivos fundados para creer que hay más alumnos que secundan la declaración de principios aludida), cabe preguntarse acerca de qué esperan esas personas de la vida en general y de la universidad en particular. Y ¿qué pinta un profesor si sus alumnos piensan mayoritariamente de esa forma?
En las manifestaciones y protestas estudiantiles siempre sale el latiguillo de "enseñanza pública, gratuita y de calidad". ¿Para qué?; ¿para cobijar a individuos como el protagonista de esta historia? ¿No va siendo hora de que los profesores recurran a las manifestaciones y protestas para reclamar alumnos responsables y de calidad? Tal vez sería conveniente que alguien se tomase la molestia de aclarar estos conceptos.