Soy tan monárquico como simpatizante del FC Barcelona o el Real Madrid, equipos que me harían inmensamente feliz si descendiesen a la Segunda División de la liga española de fútbol. Y me hace tanta gracia la monarquía como estar colgado boca abajo y desnudo en medio de la Antártida; es decir, ninguna. Pero, al lado de la izquierda española (sus dirigentes, sus partidos, los ciudadanos que dicen preferir tal ideología), Felipe VI (que muy posiblemente será convertido en rey antes de que acabe el mes de junio de 2014) y la institución que representa son un prodigio de sabiduría y eficacia en el desempeño de sus tareas.
Para empezar, ignoro por qué la izquierda se apropia con tal desfachatez de la idea de república, como si no hubiera republicanos de derechas o como si toda la derecha fuera monárquica. El general Emilio Mola, verdadero artífice del levantamiento militar de 1936, siempre se declaró republicano; lo que ocurría era que, a su juicio, la II República española era un desastre sin paliativos y necesitaba (eso pensaba él y yo no comparto su opinión) algunos cambios aunque tuviera que recurrir a la fuerza para imponerlos. José Antonio Primo de Rivera siempre se manifestó contra la monarquía. Actualmente, empiezan a surgir en España grupos de ultraderecha visceralmente antimonárquicos. Y no olvidemos que Carlos Arias Navarro, el primer presidente del gobierno de la actual monarquía española, siempre se opuso a la monarquía, al menos tal y como la encarnaba el rey Juan Carlos I. En otras palabras, la izquierda española podría ir dejando de lado la hipocresía y la desfachatez que exhibe sin rubor cuando establece un paralelismo entre monarquía y derecha y república e izquierda.
A la izquierda española le cuesta mucho aceptar las reglas del juego. Aprovechar la abdicación de Juan Carlos I para reclamar un referendum sobre la forma de gobierno en España es saltarse varios pueblos. Pablo Iglesias, líder de la formación izquierdista Podemos, alega (yo le escuché decirlo en televisión) que los españoles somos lo suficientemente maduros como para que nadie decida por nosotros y que, por tanto, es a nosotros a quienes compete elegir monarquía o república. ¿Y lo que establece la Constitución qué? Por una vez tenía razón Mariano Rajoy, presidente del gobierno, al responder que quien quiera un referendum al respecto primero debe modificar la Constitución. Lo del referendum no es más que una boutade y sólo refleja las ganas de incordiar de la izquierda. Si se acepta tal idea, ¿cada cuánto tiempo hay que hacer un referendum para optar entre monarquía y república?
Además, está sin precisar a qué tipo de república nos referimos. Podemos hablar de repúblicas como Portugal, Irlanda, Italia, Alemania o Israel, donde al presidente, que no es elegido por el pueblo sino por el correspondiente parlamento, no lo conoce ni su madre; el cargo de presidente en tales repúblicas (el mismo que ocupó Manuel Azaña en la II República) está completamente desprovisto de poderes ejecutivos y se limita a dar soporte a tareas de representación. Yo no veo ninguna diferencia entre esas repúblicas y las monarquías de países como España, Holanda, Bélgica, Reino Unido, Noruega, Suecia o Dinamarca, países de los que no puede decirse que se encuentren entre los más atrasados del mundo; tanto en las repúblicas como en las monarquías, el jefe del estado está limitado a misiones de representación. Por cierto, en esas naciones hay antimonárquicos, como en España, pero tales individuos no están dando la lata permanentemente con lo de referendum sí o no. Incluso, Canadá, Australia y Nueva Zelanda, tan monarquías como las que cité antes, no parecen sufrir grandes traumas por el hecho de que su rey (el mismo para las tres naciones) sea extranjero y viva en otro país. Pero la izquierda española tiene una habilidad considerable en buscarle tres pies al gato.
Volviendo al punto anterior, si queremos oponer monarquía y república, al hablar de ésta tenemos que referirnos a la francesa y a la estadounidense, que conservan leves vestigios (el primer ministro francés y el jefe del staff de la Casa Blanca) de las organizaciones a las que me referí más arriba, o a las repúblicas latinoamericanas, desde las folclóricas (Venezuela, Bolivia) hasta las más sensatas y avanzadas (Chile, Costa Rica). En esta forma de organización el máximo mandatario desempeña tanto funciones representativas como tareas ejecutivas. ¿Es a esta estructura a la que se refiere la izquierda? Sus líderes escurren el bulto cuando se les formula esta pregunta.
Es decir, personajes tan sospechosos como Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, que ya amenazó con lanzar movilizaciones si no le dan el juguete del referendum, o Pablo Iglesias, tan brillante orador como manipulador, han puesto sobre el tapete un tema en el que hay muchas preguntas sin contestar. Tal vez eso sea lo que estaban buscando al creer que el debate sobre el referendum les permite seguir arañando votos a la derecha y a los estropeados socialistas. Pero me niego a aceptar su hipocresía y su doblez.
Porque, vamos a ver, señor Iglesias, si realmente somos tan maduros y debemos poder elegir sin que otros decidan por nosotros, ¿cómo es que no lanza sus dardos sobre el sistema electoral vigente en España? Es un sistema electoral en el que el ciudadano ha de elegir una lista de un partido (aunque en ella figuren nombres que le revuelven las tripas) y sin poder incorporar personas de otras listas. Y, una vez decidido el órgano colectivo (parlamento nacional, parlamento autonómico, concejales), el ciudadano ya es completamente superfluo; cualquier cosa será decidida única y exclusivamente por los partidos representados en dicho órgano.
En lugar de ocuparse de afrontar este problema, que realmente supone una seria merma de la soberanía popular, la izquierda pierde el tiempo, y nos lo hace perder a los demás, con tonterías como si Felipe VI ha de ganarse su puesto con un referendum. Así que ¡larga vida al rey! y que la izquierda se lo haga mirar.
miércoles, 4 de junio de 2014
domingo, 1 de junio de 2014
Nonoticias Q-alientes. 2: El llanto de Fernando Vázquez
Las lágrimas de Fernando Vázquez (La Coruña, MAURO BEBETO).
Mientras los jugadores y los aficionados del Real Club Deportivo de La Coruña festejaban, ayer 31 de mayo de 2014, la consecución del ascenso a Primera División a falta de una jornada para la conclusión del campeonato, un hombre, solo, lloraba en el banquillo del Deportivo, ajeno a la alegría que le rodeaba. Vázquez no habló sobre los motivos de su actitud, pero este corresponsal ha podido saber que el entrenador deportivista se lamentaba amargamente de su fracaso en su intento por impedir el ascenso del equipo. A lo largo de la temporada, Vázquez probó diversas técnicas, como aplicar simpatías y antipatías irracionales a la hora de elegir los jugadores titulares, obligar al equipo a utilizar en los partidos estrategias delirantes y cambiantes de un día para otro y jurar odio eterno a la posibilidad de conseguir más de un gol en un encuentro. Nada le funcionó. El equipo, en el que los jugadores, totalmente unidos, se habían conjurado para ascender de categoría, frustró los loables esfuerzos del entrenador.
Le queda, a guisa de consuelo, la posibilidad de devolver el club a Segunda la próxima temporada, cosa en la que, estamos seguros de ello, pondrá lo más granado de su sapiencia futbolística.
Mientras los jugadores y los aficionados del Real Club Deportivo de La Coruña festejaban, ayer 31 de mayo de 2014, la consecución del ascenso a Primera División a falta de una jornada para la conclusión del campeonato, un hombre, solo, lloraba en el banquillo del Deportivo, ajeno a la alegría que le rodeaba. Vázquez no habló sobre los motivos de su actitud, pero este corresponsal ha podido saber que el entrenador deportivista se lamentaba amargamente de su fracaso en su intento por impedir el ascenso del equipo. A lo largo de la temporada, Vázquez probó diversas técnicas, como aplicar simpatías y antipatías irracionales a la hora de elegir los jugadores titulares, obligar al equipo a utilizar en los partidos estrategias delirantes y cambiantes de un día para otro y jurar odio eterno a la posibilidad de conseguir más de un gol en un encuentro. Nada le funcionó. El equipo, en el que los jugadores, totalmente unidos, se habían conjurado para ascender de categoría, frustró los loables esfuerzos del entrenador.
Le queda, a guisa de consuelo, la posibilidad de devolver el club a Segunda la próxima temporada, cosa en la que, estamos seguros de ello, pondrá lo más granado de su sapiencia futbolística.
sábado, 24 de mayo de 2014
La desaparición del gallego y los gallegos
Más allá del nacionalismo montaraz y analfabeto de Anova y el BNG hay mucha gente sensata que se dice preocupada por la posible desaparición del gallego y la hipotética reducción de los habitantes de Galicia a la categoría de especie en extinción. Para evitar que estas posibilidades lleguen a hacerse realidad se solicita una acción decidida de los poderes públicos gallegos en favor de la promoción y la conservación de la lengua, así como el fomento y la promoción de acciones tendentes a impedir que la población autóctona siga disminuyendo. Permítanme que exprese mi opinión sobre estos asuntos.
El idioma, cualquier idioma, es sencillamente una forma de interactuar distintas personas. Elevarlo a la categoría de símbolo de una comunidad o nación es atribuirle una potencialidad que muy posiblemente está muy alejada de las intenciones de los primeros seres humanos que comenzaron a utilizar el lenguaje. Se ha demostrado que los delfines y ciertas especies de primates se comunican por medio de algo que fácilmente puede ser asimilado a un lenguaje. Pero hasta el momento nadie ha preconizado que esa habilidad sea un símbolo de conceptos más o menos nacionalistas presentes en el pensamiento de los animales. En ciertos ámbitos se niega el atributo de gallegos a autores como Valle Inclán, Alejandro Pérez Lugín (si uno busca una elegía de Galicia, su gente, sus paisajes y sus costumbres difícilmente encontrará una mejor que La casa de la Troya), Wenceslao Fernández Flórez (¿cuántos militantes nacionalistas son capaces de reconocer el valor y la calidad de El bosque animado?), Julio Camba, Cela o Torrente Ballester porque su obra literaria está escrita, en su totalidad o casi, en castellano. Al parecer, los símbolos asociados a este idioma son claramente distintos de los correspondientes al gallego; y da la impresión de que los símbolos unidos al idioma tienen más peso que hablar de Galicia y sus habitantes, aunque sea en castellano.
Por otro lado, cuando hablamos de preservar el gallego, no está claro a qué gallego nos referimos. Rosalía Castro muy probablemente sería incapaz de entender el idioma normativo que usa la televisión gallega. Tampoco lo está si debemos preservar el gallego que utilizó Alfonso X de Castilla en el siglo XIII para componer el Código de las Siete Partidas. Para entendernos, creo que me defiendo razonablemente bien en inglés, pero soy incapaz de comprender un soneto de William Shakespeare. El idioma evoluciona y ello hace muy difícil conservarlo en una forma determinada. Puestas así las cosas, ¿cuándo deja de ser gallego el gallego? ¿Era gallego lo que empleaba Rosalía en sus poemas? ¿A qué gallego dedicamos nuestros esfuerzos conservacionistas?
Que los gallegos somos cada vez menos es un hecho incuestionable. Pero no es algo único. Si hablamos de un carácter gallego, para cuyo mantenimiento se requiere esa población que echamos en falta, también podemos aludir a un carácter alemán, francés, inglés, italiano... en franco retroceso. Europa se uniformiza, a pesar de los esfuerzos desesperados de partidos extremistas por impedirlo, y los caracteres regionales y nacionales se diluyen en una idiosincrasia común. Así, tras el incuestionable éxito de Stieg Larsson con Millenium, los gallegos preferimos las novelas policíacas nórdicas a sumergirnos en La playa de los ahogados, de Domingo Villar, que es una obra bastante más interesante. Y, al igual que los restantes europeos, temblamos con las arroutadas de Putin o nos acordamos de toda la familia de Angela Merkel, la jefa del cotarro. Por otro lado, no somos los primeros que nos desvanecemos en los recovecos de la Historia; ya lo hicieron antes que nosotros los hicsos, los hititas, los etruscos, los mayas o los yorubas.
Tal vez lo entendamos mejor si nos fijamos en el gigantesco melting pot de Estados Unidos, donde cada vez es más difícil hacer distinciones entre wasps, afroamericanos, latinos, cubanos de Florida, irlandeses e italianos de Nueva York, polacos de Chicago, nórdicos de Wisconsin o apaches del cinturón del sol. Los caracteres peculiares de esas comunidades se han diluido, o lo están haciendo, en una comunidad nueva que viene a sustituir las antiguas comunidades individuales.
De nuevo, puestas así las cosas, ¿por qué hemos de aferrarnos a las tradiciones gallegas, tan infames por otra parte? Parece que hemos olvidado la esclavitud de la tierra, el hambre, la pobreza sin límites, o los miles de hombres que descansan en el fondo de nuestros bravos mares, todo lo cual forjó ese carácter que algunos intentan conservar. Quiero suponer que no es esto lo que deseamos conservar. Y, si es cierta mi hipótesis, ¿qué importancia tiene que mezclemos nuestros genes con los de un estonio o un checo?
Una precisión para terminar. Nací en Galicia, vivo en Galicia, hablo gallego, me gusta el cocido gallego, conozco perfectamente la historia de Galicia y me encuentro muy a gusto en esta tierra. Pero no veo ningún símbolo en el lenguaje, ni creo en lo de traer gallegos fetén al mundo. Y que conste que he hablado de Galicia porque es lo que conozco, pero todo lo que acabo de decir podríamos extrapolarlo a catalanes, vascos, bantúes, inuits o comanches.
El idioma, cualquier idioma, es sencillamente una forma de interactuar distintas personas. Elevarlo a la categoría de símbolo de una comunidad o nación es atribuirle una potencialidad que muy posiblemente está muy alejada de las intenciones de los primeros seres humanos que comenzaron a utilizar el lenguaje. Se ha demostrado que los delfines y ciertas especies de primates se comunican por medio de algo que fácilmente puede ser asimilado a un lenguaje. Pero hasta el momento nadie ha preconizado que esa habilidad sea un símbolo de conceptos más o menos nacionalistas presentes en el pensamiento de los animales. En ciertos ámbitos se niega el atributo de gallegos a autores como Valle Inclán, Alejandro Pérez Lugín (si uno busca una elegía de Galicia, su gente, sus paisajes y sus costumbres difícilmente encontrará una mejor que La casa de la Troya), Wenceslao Fernández Flórez (¿cuántos militantes nacionalistas son capaces de reconocer el valor y la calidad de El bosque animado?), Julio Camba, Cela o Torrente Ballester porque su obra literaria está escrita, en su totalidad o casi, en castellano. Al parecer, los símbolos asociados a este idioma son claramente distintos de los correspondientes al gallego; y da la impresión de que los símbolos unidos al idioma tienen más peso que hablar de Galicia y sus habitantes, aunque sea en castellano.
Por otro lado, cuando hablamos de preservar el gallego, no está claro a qué gallego nos referimos. Rosalía Castro muy probablemente sería incapaz de entender el idioma normativo que usa la televisión gallega. Tampoco lo está si debemos preservar el gallego que utilizó Alfonso X de Castilla en el siglo XIII para componer el Código de las Siete Partidas. Para entendernos, creo que me defiendo razonablemente bien en inglés, pero soy incapaz de comprender un soneto de William Shakespeare. El idioma evoluciona y ello hace muy difícil conservarlo en una forma determinada. Puestas así las cosas, ¿cuándo deja de ser gallego el gallego? ¿Era gallego lo que empleaba Rosalía en sus poemas? ¿A qué gallego dedicamos nuestros esfuerzos conservacionistas?
Que los gallegos somos cada vez menos es un hecho incuestionable. Pero no es algo único. Si hablamos de un carácter gallego, para cuyo mantenimiento se requiere esa población que echamos en falta, también podemos aludir a un carácter alemán, francés, inglés, italiano... en franco retroceso. Europa se uniformiza, a pesar de los esfuerzos desesperados de partidos extremistas por impedirlo, y los caracteres regionales y nacionales se diluyen en una idiosincrasia común. Así, tras el incuestionable éxito de Stieg Larsson con Millenium, los gallegos preferimos las novelas policíacas nórdicas a sumergirnos en La playa de los ahogados, de Domingo Villar, que es una obra bastante más interesante. Y, al igual que los restantes europeos, temblamos con las arroutadas de Putin o nos acordamos de toda la familia de Angela Merkel, la jefa del cotarro. Por otro lado, no somos los primeros que nos desvanecemos en los recovecos de la Historia; ya lo hicieron antes que nosotros los hicsos, los hititas, los etruscos, los mayas o los yorubas.
Tal vez lo entendamos mejor si nos fijamos en el gigantesco melting pot de Estados Unidos, donde cada vez es más difícil hacer distinciones entre wasps, afroamericanos, latinos, cubanos de Florida, irlandeses e italianos de Nueva York, polacos de Chicago, nórdicos de Wisconsin o apaches del cinturón del sol. Los caracteres peculiares de esas comunidades se han diluido, o lo están haciendo, en una comunidad nueva que viene a sustituir las antiguas comunidades individuales.
De nuevo, puestas así las cosas, ¿por qué hemos de aferrarnos a las tradiciones gallegas, tan infames por otra parte? Parece que hemos olvidado la esclavitud de la tierra, el hambre, la pobreza sin límites, o los miles de hombres que descansan en el fondo de nuestros bravos mares, todo lo cual forjó ese carácter que algunos intentan conservar. Quiero suponer que no es esto lo que deseamos conservar. Y, si es cierta mi hipótesis, ¿qué importancia tiene que mezclemos nuestros genes con los de un estonio o un checo?
Una precisión para terminar. Nací en Galicia, vivo en Galicia, hablo gallego, me gusta el cocido gallego, conozco perfectamente la historia de Galicia y me encuentro muy a gusto en esta tierra. Pero no veo ningún símbolo en el lenguaje, ni creo en lo de traer gallegos fetén al mundo. Y que conste que he hablado de Galicia porque es lo que conozco, pero todo lo que acabo de decir podríamos extrapolarlo a catalanes, vascos, bantúes, inuits o comanches.
jueves, 1 de mayo de 2014
Los sabios del fútbol
En las semifinales de la Champions League de esta temporada el Real Madrid, entrenado por Carlo Ancelotti, y el Atlético de Madrid, dirigido por Diego Pablo Simeone, se han impuesto, respectivamente, al Bayern Munich de Pep Guardiola y al Chelsea de José Mourinho. Más allá de los análisis detallados de los cuatro partidos hay una circunstancia que ha escapado a la mayoría de la gente (periodistas, sobre todo) que se ha ocupado de ellos. Y es que se han impuesto los equipos de los dos entrenadores considerados más toscos.
Nadie sabe con qué idea, fuera de la vaga y nebulosa "ganar jugando bien al fútbol", llegó Ancelotti al Real Madrid. Con el paso del tiempo ha acabado por definir un equipo en el que sólo introduce cambios cuando se ve forzado a ello (por acumulación de tarjetas, lesión o necesidad de dar descanso a algún titular) y que utiliza un contraataque letal como arma favorita de juego. Por su parte, Simeone, dada la relativa escasez de jugadores bien dotados de técnica individual disponibles en su elenco, optó por recurrir a la lucha sin tregua, a correr más que el rival y a establecer una solidaridad sin fisuras en su forma de disputar los partidos. Ni en los planteamientos de Ancelotti, ni en los de Simeone hay nada que no se haya visto antes, o que resulte mínimamente imaginativo.
Por su parte, tanto Mourinho como Guardiola (así los ven los especialistas que siguen sus pasos) son dos teóricos del fútbol. Ultraconservador el primero y enamorado del juego de toque el segundo. Ambos han tenido sus éxitos, pero siempre han parecido pensar que la razón de los mismos estribaba en las ventajas intrínsecas de los sistemas que utilizan, descartando de antemano la hipótesis de que dispusieran de jugadores especialmente adaptables a tales sistemas. Mourinho y Guardiola pertenecen al (reducido, pero en aumento) club cuyos miembros están convencidos de que lo saben todo sobre el fútbol, de que el personaje más importante en ese mundillo es el entrenador y de que el futbolista ha de acatar ciegamente y sin margen para la iniciativa las órdenes impartidas por su jefe. Ambos disfrutan jugando a ser entrenadores, y, cuanto más originales e imaginativos, mejor. Y se comportan como si creyeran que sólo ellos están en posesión de los secretos del fútbol, mientras que el resto del mundo es incapaz de comprender las sutilezas de su sabiduría. Si hubieran coincidido con Pelé, probablemente le habrían hecho jugar de medio centro, en lugar de permitirle moverse a su antojo por toda la línea de ataque, que es lo que hicieron todos los entrenadores sensatos que dirigieron al brasileño.
Se oye con mucha frecuencia que "el fútbol es sólo un juego y que no tiene lógica". Afortunadamente, hay ocasiones en las que esta afirmación está equivocada. Y ésta que ahora estoy comentando es una de tales ocasiones. Las dolorosísimas derrotas sufridas por Bayern y Chelsea han demostrado que a veces hay lógica, y mucha, en el fútbol y que las caídas de los sabios suelen ser más humillantes que las de los simples mortales. Guardiola y Mourinho ya no tienen remedio; nadie les apeará de su convencimiento de que son sabios del fútbol. Incomprendidos tal vez, pero sabios al fin y al cabo. Pero quizá podamos esperar que las durísimas lecciones del Allianz Arena y Stamford Bridge disuadan a otros entrenadores de apuntarse al lado oscuro del fútbol.
Nadie sabe con qué idea, fuera de la vaga y nebulosa "ganar jugando bien al fútbol", llegó Ancelotti al Real Madrid. Con el paso del tiempo ha acabado por definir un equipo en el que sólo introduce cambios cuando se ve forzado a ello (por acumulación de tarjetas, lesión o necesidad de dar descanso a algún titular) y que utiliza un contraataque letal como arma favorita de juego. Por su parte, Simeone, dada la relativa escasez de jugadores bien dotados de técnica individual disponibles en su elenco, optó por recurrir a la lucha sin tregua, a correr más que el rival y a establecer una solidaridad sin fisuras en su forma de disputar los partidos. Ni en los planteamientos de Ancelotti, ni en los de Simeone hay nada que no se haya visto antes, o que resulte mínimamente imaginativo.
Por su parte, tanto Mourinho como Guardiola (así los ven los especialistas que siguen sus pasos) son dos teóricos del fútbol. Ultraconservador el primero y enamorado del juego de toque el segundo. Ambos han tenido sus éxitos, pero siempre han parecido pensar que la razón de los mismos estribaba en las ventajas intrínsecas de los sistemas que utilizan, descartando de antemano la hipótesis de que dispusieran de jugadores especialmente adaptables a tales sistemas. Mourinho y Guardiola pertenecen al (reducido, pero en aumento) club cuyos miembros están convencidos de que lo saben todo sobre el fútbol, de que el personaje más importante en ese mundillo es el entrenador y de que el futbolista ha de acatar ciegamente y sin margen para la iniciativa las órdenes impartidas por su jefe. Ambos disfrutan jugando a ser entrenadores, y, cuanto más originales e imaginativos, mejor. Y se comportan como si creyeran que sólo ellos están en posesión de los secretos del fútbol, mientras que el resto del mundo es incapaz de comprender las sutilezas de su sabiduría. Si hubieran coincidido con Pelé, probablemente le habrían hecho jugar de medio centro, en lugar de permitirle moverse a su antojo por toda la línea de ataque, que es lo que hicieron todos los entrenadores sensatos que dirigieron al brasileño.
Se oye con mucha frecuencia que "el fútbol es sólo un juego y que no tiene lógica". Afortunadamente, hay ocasiones en las que esta afirmación está equivocada. Y ésta que ahora estoy comentando es una de tales ocasiones. Las dolorosísimas derrotas sufridas por Bayern y Chelsea han demostrado que a veces hay lógica, y mucha, en el fútbol y que las caídas de los sabios suelen ser más humillantes que las de los simples mortales. Guardiola y Mourinho ya no tienen remedio; nadie les apeará de su convencimiento de que son sabios del fútbol. Incomprendidos tal vez, pero sabios al fin y al cabo. Pero quizá podamos esperar que las durísimas lecciones del Allianz Arena y Stamford Bridge disuadan a otros entrenadores de apuntarse al lado oscuro del fútbol.
martes, 15 de abril de 2014
La estrategia de la derecha y la imaginación de la izquierda
A título de hipótesis de trabajo, y por simplificar la exposición, admitamos que la crisis económica que nos tortura surgió como consecuencia de ciertas actuaciones de empresas, partidos y personas de derechas (primero infectaron Estados Unidos y luego trajeron las consecuencias a Europa). Admitamos también que no se puso remedio a la crisis cuando ésta todavía no había alcanzado las proporciones descomunales que posteriormente llegó a desarrollar. Finalmente, admitamos sin reparos que los principales perjudicados por la crisis han sido las personas que disponían y disponen de menos recursos para sobrevivir en épocas de vacas flacas. Con todo esto, y siempre que me dejen introducir algunas matizaciones en el debate, estoy bastante de acuerdo.
Ahora bien, cuando se da un paso más y se pretende dictaminar por qué la derecha obró como lo hizo (las actuaciones a las que me refería más arriba), mi desacuerdo es prácticamente total. Para la izquierda, lo que persigue la derecha es ni más ni menos que aumentar la pobreza mundial para así poder ser más rica y poderosa ella. Es posible que eso sea cierto en lo que se refiere al poder, pero desde luego no lo es en lo relativo a la riqueza.
Pensemos un poco. Si la motivación de la derecha (más exactamente, del sector de la derecha que controla la mayoría de los recursos eonómicos) para desatar la crisis fuera que los restantes seamos cada vez más pobres, ¿cómo diablos iba a seguir haciendo crecer su riqueza? Yo, pequeño empresario o comerciante, seré más rico cuanto más venda. Y venderé tanto más cuanto más gente esté en posición de comprar mis servicios o mis productos. Si quienes me rodean son más pobres que ratas, ¿con qué van a adquirir lo que pongo en el mercado (escuchen atentamente la canción Lamento borincano en la versión de Víctor Jara, por ejemplo; el pobre protagonista no logra vender ni un solo producto de sus campos porque sus paisanos son incluso más pobres que él)? Y, si no coloco lo que quiero vender, ¿cómo voy a hacerme más rico?
Puedo admitir que a la derecha no le interese que nos hagamos tan ricos como ella. Pero de ahí a decir que lo que persigue es la ruina total de quienes no pertenecen a su club va un trecho muy largo... salvo que la propia derecha tenga un interés especial en suicidarse. Quienes razonan como acabo de resumir se olvidan de que, por lo menos en gran medida, derecha y capitalismo son intercambiables y de que el capitalismo consiste en producir al coste más bajo posible para vender lo más caro que pueda. Y, si alguien quiere vender, es inevitable que haya alguien que pueda y esté dispuesto a comprar. Si todos somos pobres de solemnidad, ¿a quién va a vender la derecha? ¿A otros ricos? ¿Van a devorarse entre ellos después de haberse comido al resto de la población? ¿Seguimos creyendo en esa tontería de "las contradicciones internas del capitalismo"?
Si la derecha se caracteriza por su avaricia, la izquierda lo hace por sus serias dificultades para razonar con un mínimo de coherencia. Pongamos otro ejemplo.
Miguel Monzón, más conocido como El Gran Wyoming, es un licenciado en medicina que nunca ejerció y que lleva muchos años actuando como presentador de espacios televisivos supuestamente humorísticos y críticos, y liderando un grupo musical; a título incidental diremos que estas actividades le han proporcionado un capital nada despreciable mientras sigue alardeando de su ideología de izquierdas. En la actualidad, presenta un programa en La Sexta en el que fustiga implacablemente a la derecha gobernante en España. Recientemente ha aparecido en otro programa de La Sexta para ser entrevistado por el humorista Andreu Buenafuente. Entre las perlas que dejó a los espectadores, Wyoming soltó lo de que a la derecha española le interesa que el país soporte continuos episodios de violencia de bajo nivel.
Según Wyoming, el principal beneficiario de la violencia sangrienta y salvaje de ETA era la derecha, ya que, con la existencia de la banda armada, podía justificar sus medidas represivas y de recorte de libertades civiles. Prácticamente desaparecida ETA, la derecha se ha inventado los grupos antisistema que se infiltran en toda manifestación que se precie para provocar serios altercados y choques con las fuerzas de orden público. Así, la derecha puede mantener su nefasta compulsión dictatorial.
Wyoming es un claro ejemplo del deterioro de la enseñanza pública en España. Que un individuo pueda llegar a ser médico (aunque no haya ejercido jamás) razonando de esta forma demuestra que prácticamente cualquier analfabeto puede obtener un título universitario.
De nuevo admitamos que la derecha, la muy perra, está especialmente interesada en mantenerse en el poder (cosa que es cierta, igual que lo es en el caso de la izquierda). Para lograr su objetivo recurre, entre otros procedimientos inconfesables, a fomentar subrepticiamente la violencia incontrolada. Pero ¿no le sería más beneficioso, no le reportaría más votos, acabar totalmente con esa violencia? En el retorcido argumentario de la derecha, ésta sería mejor vista por el pacífico pueblo español si el gobierno logra terminar de una vez por todas con las actuaciones de los antisistema. ¿Qué le daría más votos y prestigio a la derecha: aprovechar fraudulentamente las teóricas ventajas de la existencia de ETA o acabar con ella?
Está visto que la izquierda española aplica al pie de la letra aquella vieja reivindicación del mayo francés de 1968: la imaginación al poder. Lo malo es que la imaginación exhibida por la izquierda española es muy pobre. ¡Pobrísima!
Ahora bien, cuando se da un paso más y se pretende dictaminar por qué la derecha obró como lo hizo (las actuaciones a las que me refería más arriba), mi desacuerdo es prácticamente total. Para la izquierda, lo que persigue la derecha es ni más ni menos que aumentar la pobreza mundial para así poder ser más rica y poderosa ella. Es posible que eso sea cierto en lo que se refiere al poder, pero desde luego no lo es en lo relativo a la riqueza.
Pensemos un poco. Si la motivación de la derecha (más exactamente, del sector de la derecha que controla la mayoría de los recursos eonómicos) para desatar la crisis fuera que los restantes seamos cada vez más pobres, ¿cómo diablos iba a seguir haciendo crecer su riqueza? Yo, pequeño empresario o comerciante, seré más rico cuanto más venda. Y venderé tanto más cuanto más gente esté en posición de comprar mis servicios o mis productos. Si quienes me rodean son más pobres que ratas, ¿con qué van a adquirir lo que pongo en el mercado (escuchen atentamente la canción Lamento borincano en la versión de Víctor Jara, por ejemplo; el pobre protagonista no logra vender ni un solo producto de sus campos porque sus paisanos son incluso más pobres que él)? Y, si no coloco lo que quiero vender, ¿cómo voy a hacerme más rico?
Puedo admitir que a la derecha no le interese que nos hagamos tan ricos como ella. Pero de ahí a decir que lo que persigue es la ruina total de quienes no pertenecen a su club va un trecho muy largo... salvo que la propia derecha tenga un interés especial en suicidarse. Quienes razonan como acabo de resumir se olvidan de que, por lo menos en gran medida, derecha y capitalismo son intercambiables y de que el capitalismo consiste en producir al coste más bajo posible para vender lo más caro que pueda. Y, si alguien quiere vender, es inevitable que haya alguien que pueda y esté dispuesto a comprar. Si todos somos pobres de solemnidad, ¿a quién va a vender la derecha? ¿A otros ricos? ¿Van a devorarse entre ellos después de haberse comido al resto de la población? ¿Seguimos creyendo en esa tontería de "las contradicciones internas del capitalismo"?
Si la derecha se caracteriza por su avaricia, la izquierda lo hace por sus serias dificultades para razonar con un mínimo de coherencia. Pongamos otro ejemplo.
Miguel Monzón, más conocido como El Gran Wyoming, es un licenciado en medicina que nunca ejerció y que lleva muchos años actuando como presentador de espacios televisivos supuestamente humorísticos y críticos, y liderando un grupo musical; a título incidental diremos que estas actividades le han proporcionado un capital nada despreciable mientras sigue alardeando de su ideología de izquierdas. En la actualidad, presenta un programa en La Sexta en el que fustiga implacablemente a la derecha gobernante en España. Recientemente ha aparecido en otro programa de La Sexta para ser entrevistado por el humorista Andreu Buenafuente. Entre las perlas que dejó a los espectadores, Wyoming soltó lo de que a la derecha española le interesa que el país soporte continuos episodios de violencia de bajo nivel.
Según Wyoming, el principal beneficiario de la violencia sangrienta y salvaje de ETA era la derecha, ya que, con la existencia de la banda armada, podía justificar sus medidas represivas y de recorte de libertades civiles. Prácticamente desaparecida ETA, la derecha se ha inventado los grupos antisistema que se infiltran en toda manifestación que se precie para provocar serios altercados y choques con las fuerzas de orden público. Así, la derecha puede mantener su nefasta compulsión dictatorial.
Wyoming es un claro ejemplo del deterioro de la enseñanza pública en España. Que un individuo pueda llegar a ser médico (aunque no haya ejercido jamás) razonando de esta forma demuestra que prácticamente cualquier analfabeto puede obtener un título universitario.
De nuevo admitamos que la derecha, la muy perra, está especialmente interesada en mantenerse en el poder (cosa que es cierta, igual que lo es en el caso de la izquierda). Para lograr su objetivo recurre, entre otros procedimientos inconfesables, a fomentar subrepticiamente la violencia incontrolada. Pero ¿no le sería más beneficioso, no le reportaría más votos, acabar totalmente con esa violencia? En el retorcido argumentario de la derecha, ésta sería mejor vista por el pacífico pueblo español si el gobierno logra terminar de una vez por todas con las actuaciones de los antisistema. ¿Qué le daría más votos y prestigio a la derecha: aprovechar fraudulentamente las teóricas ventajas de la existencia de ETA o acabar con ella?
Está visto que la izquierda española aplica al pie de la letra aquella vieja reivindicación del mayo francés de 1968: la imaginación al poder. Lo malo es que la imaginación exhibida por la izquierda española es muy pobre. ¡Pobrísima!
domingo, 9 de marzo de 2014
Nonoticias Q-alientes. 1
RESUMEN DE NONOTICIAS LLEGADAS A NUESTRA REDACCIÓN.
Crisis de Crimea (Kiev/Sebastopol, YULIA TIMOSHENKO/VIKTOR YANUKOVYICH).
Según hemos podido saber de fuentes generalmente bien informadas que prefieren mantener el anonimato, la verdadera razón de la ocupación de la península de Crimea por fuerzas militares rusas es que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, está harto de tener que cruzar territorio ucraniano para desplazarse a su dacha del Mar Negro. Incorporando Crimea a Rusia, podrá viajar hasta ella sin ser objeto de las continuas y pegajosas muestras de simpatía que habitualmente le tributan los habitantes de Ucrania.
Repercusiones en España de la crisis de Crimea (Madrid, LEÓN DE LA CARRERA).
Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida (IU), ha responsabilizado a Mariano Rajoy, presidente del gobierno, de la invasión de Crimea, ha solicitado su comparecencia urgente en el Congreso de los Diputados para dar explicaciones y ha exigido su dimisión inmediata, seguida de la convocatoria de elecciones anticipadas. Por su parte, Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se ha mostrado menos drástico, aunque no ha dudado en atribuir la ocupación rusa de Crimea a la severa política de recortes llevada a cabo por el gobierno y a la pérdida de libertades democráticas. En Barcelona, Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, preguntado por la posibilidad de iniciar un acercamiento catalán a Crimea, contestó que "para aliarnos con mindundis pobretones, ya nos llega con España".
La nueva estrella del PP (Dublín, JOSÉ MARÍA BOTELLA).
Las elogiosas palabras hacia España de Bono, líder del grupo musical U2, en la convención de partidos conservadores europeos celebrada en Dublín fueron acogidas con evidente frialdad por Mariano Rajoy, secretario general del Partido Popular (PP). A preguntas de los periodistas contestó con sequedad que, "si lo que pretende Bono es ascender rápidamente en la jerarquía del partido, debe ponerse a la cola, como lo hicieron en su día los barones populares". A pesar de estas declaraciones, Angela Merkel, canciller de Alemania, explicó que el malestar de Rajoy se debió únicamente a que no sabe "ni papa" de inglés, con lo que no se enteró de nada de lo que dijo Bono y contestó lo primero que le pasó por la cabeza.
Corrupción (Madrid, VISITACIÓN BUENAVISTA).
Clara Boya, miembro destacado de la organización no gubernamental (ONG) Human Rights Watch (HRW), ha afirmado que el problema de la corrupción política no está tan extendido en España como se cree habitualmente. Según ella, ha sido capaz de encontrar un político, Perfecto Timón, que desempeña el puesto de alcalde en Topalsaco, al que no se le ha podido probar jamás ninguna corruptela, ni ningún comportamiento ilegal. Sin embargo, una investigación interna de HRW ha puesto de manifiesto, con pruebas irrefutables, que Boya había sido sobornada por Timón para hacer tales declaraciones. "Es que todavía debo varias letras del Ferrari", trató de justificarse Boya cuando la ONG le afeó su conducta.
Meteorología (A Coruña, BÁRBARA CHUZOS).
Tras un análisis en profundidad de los datos recogidos durante el interminable invierno de 2013-14, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha llegado a la conclusión de que se han terminado durante una temporada las ciclogénesis explosivas y los diluvios bíblicos. La causa de este repentino cese del mal tiempo parece deberse a que la atmósfera ha agotado sus reservas de vientos huracanados y agua de lluvia. Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida (IU), ha requerido al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que explique en el Congreso de los Diputados los sucesos del invierno y ha exigido su dimisión inmediata y la convocatoria de elecciones anticipadas. Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tras apuntar que estos fenómenos no ocurrían ni cuando mandaba Franco, ha sostenido que la incapacidad de Rajoy para detener las ciclogénesis ha contribuido significativamente al aumento del paro y al deterioro de las libertades democráticas.
Crisis de Crimea (Kiev/Sebastopol, YULIA TIMOSHENKO/VIKTOR YANUKOVYICH).
Según hemos podido saber de fuentes generalmente bien informadas que prefieren mantener el anonimato, la verdadera razón de la ocupación de la península de Crimea por fuerzas militares rusas es que el presidente de Rusia, Vladimir Putin, está harto de tener que cruzar territorio ucraniano para desplazarse a su dacha del Mar Negro. Incorporando Crimea a Rusia, podrá viajar hasta ella sin ser objeto de las continuas y pegajosas muestras de simpatía que habitualmente le tributan los habitantes de Ucrania.
Repercusiones en España de la crisis de Crimea (Madrid, LEÓN DE LA CARRERA).
Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida (IU), ha responsabilizado a Mariano Rajoy, presidente del gobierno, de la invasión de Crimea, ha solicitado su comparecencia urgente en el Congreso de los Diputados para dar explicaciones y ha exigido su dimisión inmediata, seguida de la convocatoria de elecciones anticipadas. Por su parte, Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), se ha mostrado menos drástico, aunque no ha dudado en atribuir la ocupación rusa de Crimea a la severa política de recortes llevada a cabo por el gobierno y a la pérdida de libertades democráticas. En Barcelona, Artur Mas, presidente de la Generalitat de Catalunya, preguntado por la posibilidad de iniciar un acercamiento catalán a Crimea, contestó que "para aliarnos con mindundis pobretones, ya nos llega con España".
La nueva estrella del PP (Dublín, JOSÉ MARÍA BOTELLA).
Las elogiosas palabras hacia España de Bono, líder del grupo musical U2, en la convención de partidos conservadores europeos celebrada en Dublín fueron acogidas con evidente frialdad por Mariano Rajoy, secretario general del Partido Popular (PP). A preguntas de los periodistas contestó con sequedad que, "si lo que pretende Bono es ascender rápidamente en la jerarquía del partido, debe ponerse a la cola, como lo hicieron en su día los barones populares". A pesar de estas declaraciones, Angela Merkel, canciller de Alemania, explicó que el malestar de Rajoy se debió únicamente a que no sabe "ni papa" de inglés, con lo que no se enteró de nada de lo que dijo Bono y contestó lo primero que le pasó por la cabeza.
Corrupción (Madrid, VISITACIÓN BUENAVISTA).
Clara Boya, miembro destacado de la organización no gubernamental (ONG) Human Rights Watch (HRW), ha afirmado que el problema de la corrupción política no está tan extendido en España como se cree habitualmente. Según ella, ha sido capaz de encontrar un político, Perfecto Timón, que desempeña el puesto de alcalde en Topalsaco, al que no se le ha podido probar jamás ninguna corruptela, ni ningún comportamiento ilegal. Sin embargo, una investigación interna de HRW ha puesto de manifiesto, con pruebas irrefutables, que Boya había sido sobornada por Timón para hacer tales declaraciones. "Es que todavía debo varias letras del Ferrari", trató de justificarse Boya cuando la ONG le afeó su conducta.
Meteorología (A Coruña, BÁRBARA CHUZOS).
Tras un análisis en profundidad de los datos recogidos durante el interminable invierno de 2013-14, la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) ha llegado a la conclusión de que se han terminado durante una temporada las ciclogénesis explosivas y los diluvios bíblicos. La causa de este repentino cese del mal tiempo parece deberse a que la atmósfera ha agotado sus reservas de vientos huracanados y agua de lluvia. Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida (IU), ha requerido al presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que explique en el Congreso de los Diputados los sucesos del invierno y ha exigido su dimisión inmediata y la convocatoria de elecciones anticipadas. Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), tras apuntar que estos fenómenos no ocurrían ni cuando mandaba Franco, ha sostenido que la incapacidad de Rajoy para detener las ciclogénesis ha contribuido significativamente al aumento del paro y al deterioro de las libertades democráticas.
sábado, 8 de marzo de 2014
Aclarando conceptos
La Escuela de Ingeniería de Telecomunicación (EIT) de la Universidad de Vigo (UVigo) tiene un programa denominado Plan de Acción Tutorial (PAT), que está destinado a los alumnos matriculados por primera vez en el centro.
Vista parcial de la EIT-UVigo. Foto: ESS; noviembre 2013
El PAT está a cargo de profesores que aceptan voluntariamente actuar como tutores de los alumnos de nuevo ingreso. En dicha tarea, y dado que hay menos profesores que alumnos interesados en tomar parte en el PAT, cuentan con la ayuda, también voluntaria, de alumnos ya veteranos en el centro. El objetivo del PAT es proporcionar, en la medida de lo posible, el soporte que puedan necesitar los nuevos estudiantes en cuanto a orientación curricular, técnicas de estudio, relaciones con los profesores, etcétera.
X es uno de los profesores que participa en el PAT. Con objeto de ser de mayor utilidad a los alumnos a los que está asignado como tutor, se le ocurrió preguntarles por sus opiniones acerca de una serie de temas. Ahora bien, en lugar de emplear el método clásico de las encuestas, encargó a sus alumnos ayudantes que mantuvieran una serie de charlas informales con los tutorandos. Suponía que la relación directa entre alumnos sin la presencia del profesor supervisor y la falta de rigidez de una charla distendida le proporcionarían más información aprovechable que si recurría a los métodos convencionales. Y, al parecer, logró su propósito. Lo malo fue que algunas respuestas le causaron una profunda sorpresa, ya que constituían una alteración radical en los conceptos que él tiene asumidos desde hace muchos años.
Una de las declaraciones que obtuvo fue que, según la perspectiva de un alumno, la universidad debe interferir, con sus requisitos en materia de exámenes, trabajos, o asistencia a clase, lo menos posible en el tiempo libre de los estudiantes. X no supo qué pensar de tal declaración de principios. Al final, llegó a la conclusión de que el alumno consideraba que su actividad principal era disfrutar de la vida y que los estudios son un mal que hay que soportar por imperativos sociales; algo así como ir al dentista cuando se tiene una muela picada. Peor todavía, si ésa es la forma de pensar de un cierto porcentaje de alumnos (X tiene motivos fundados para creer que hay más alumnos que secundan la declaración de principios aludida), cabe preguntarse acerca de qué esperan esas personas de la vida en general y de la universidad en particular. Y ¿qué pinta un profesor si sus alumnos piensan mayoritariamente de esa forma?
En las manifestaciones y protestas estudiantiles siempre sale el latiguillo de "enseñanza pública, gratuita y de calidad". ¿Para qué?; ¿para cobijar a individuos como el protagonista de esta historia? ¿No va siendo hora de que los profesores recurran a las manifestaciones y protestas para reclamar alumnos responsables y de calidad? Tal vez sería conveniente que alguien se tomase la molestia de aclarar estos conceptos.
Vista parcial de la EIT-UVigo. Foto: ESS; noviembre 2013
Vista parcial de la EIT-UVigo. Foto: ESS; julio 2012
Una de las declaraciones que obtuvo fue que, según la perspectiva de un alumno, la universidad debe interferir, con sus requisitos en materia de exámenes, trabajos, o asistencia a clase, lo menos posible en el tiempo libre de los estudiantes. X no supo qué pensar de tal declaración de principios. Al final, llegó a la conclusión de que el alumno consideraba que su actividad principal era disfrutar de la vida y que los estudios son un mal que hay que soportar por imperativos sociales; algo así como ir al dentista cuando se tiene una muela picada. Peor todavía, si ésa es la forma de pensar de un cierto porcentaje de alumnos (X tiene motivos fundados para creer que hay más alumnos que secundan la declaración de principios aludida), cabe preguntarse acerca de qué esperan esas personas de la vida en general y de la universidad en particular. Y ¿qué pinta un profesor si sus alumnos piensan mayoritariamente de esa forma?
En las manifestaciones y protestas estudiantiles siempre sale el latiguillo de "enseñanza pública, gratuita y de calidad". ¿Para qué?; ¿para cobijar a individuos como el protagonista de esta historia? ¿No va siendo hora de que los profesores recurran a las manifestaciones y protestas para reclamar alumnos responsables y de calidad? Tal vez sería conveniente que alguien se tomase la molestia de aclarar estos conceptos.
lunes, 3 de marzo de 2014
Juececillos e incompetencia
Por un quítame allá unas minucias, la Universidad de Vigo (UVigo) y yo andamos en tribunales. El último recurso (por el momento) ha sido fallado por un juez de lo contencioso-administrativo de Vigo en mi contra; vamos, que no me dan el dinero que yo reclamo. Hasta ahí, nada de particular.
Lo bonito del caso es que otros compañeros presentaron un recurso prácticamente idéntico y otro juez de lo contencioso-administrativo de Vigo (primera cuestión: ¿por qué otro juez? ¿Es que un único juez no podía ver ambos recursos, tan similares que no se distinguen entre sí?) les dio la razón; bueno, no del todo, porque les otorgó bastante menos de lo que solicitaban, pero eso no hace al caso ahora. Lo destacable es que ante casos idénticos un juez falla una cosa y otro lo hace en sentido opuesto.
He tronado en muchas ocasiones contra la incompetencia española, pero lo que acabo de contar se lleva la palma. Y no por lo que a mí me afecta, sino por lo que revela acerca de las instituciones y de sus miembros más prominentes. Creemos que en estos momentos el principal problema del país son los partidos políticos y la corrupción, pero unos y otra campan a sus anchas porque estamos en manos de unos jueces incompetentes que operan en un sistema demencial. ¿Cómo no va a haber corruptos si se tarda una eternidad en juzgarlos y darles un escarmiento que sirva de aviso a otros? ¿Como es posible que un timador (léase gestor de fondos de inversión) como Bernard Madoff fuese formalmente acusado (algo así como imputado, diríamos en España) en diciembre en 2008 y en junio de 2009 ya hubiese sido juzgado, sentenciado y encarcelado (Wikipedia, Bernard Madoff, http://en.wikipedia.org/ wiki/Madoff) mientras que aquí llevamos años con la trama Gürtel, la operación Pokémon o el caso de los ERE andaluces (todos ellos peccata minuta al lado de las fechorías de Madoff)?
Y, ya puestos y aunque no tenga nada que ver con los juececillos, ¿cómo es posible que el gobierno de Estados Unidos recupere con beneficios el dinero que invirtió en rescatar sus bancos y grandes empresas, como General Motors, mientras que aquí perdemos sumas astronómicas en operaciones similares? (Joan Faus, EE.UU. amortiza el rescate, La Voz de Galicia, 3 de marzo de 2014, p. 21).
¿Es que los españoles incorporamos de serie el gen de la incompetencia?
Lo bonito del caso es que otros compañeros presentaron un recurso prácticamente idéntico y otro juez de lo contencioso-administrativo de Vigo (primera cuestión: ¿por qué otro juez? ¿Es que un único juez no podía ver ambos recursos, tan similares que no se distinguen entre sí?) les dio la razón; bueno, no del todo, porque les otorgó bastante menos de lo que solicitaban, pero eso no hace al caso ahora. Lo destacable es que ante casos idénticos un juez falla una cosa y otro lo hace en sentido opuesto.
He tronado en muchas ocasiones contra la incompetencia española, pero lo que acabo de contar se lleva la palma. Y no por lo que a mí me afecta, sino por lo que revela acerca de las instituciones y de sus miembros más prominentes. Creemos que en estos momentos el principal problema del país son los partidos políticos y la corrupción, pero unos y otra campan a sus anchas porque estamos en manos de unos jueces incompetentes que operan en un sistema demencial. ¿Cómo no va a haber corruptos si se tarda una eternidad en juzgarlos y darles un escarmiento que sirva de aviso a otros? ¿Como es posible que un timador (léase gestor de fondos de inversión) como Bernard Madoff fuese formalmente acusado (algo así como imputado, diríamos en España) en diciembre en 2008 y en junio de 2009 ya hubiese sido juzgado, sentenciado y encarcelado (Wikipedia, Bernard Madoff, http://en.wikipedia.org/ wiki/Madoff) mientras que aquí llevamos años con la trama Gürtel, la operación Pokémon o el caso de los ERE andaluces (todos ellos peccata minuta al lado de las fechorías de Madoff)?
Y, ya puestos y aunque no tenga nada que ver con los juececillos, ¿cómo es posible que el gobierno de Estados Unidos recupere con beneficios el dinero que invirtió en rescatar sus bancos y grandes empresas, como General Motors, mientras que aquí perdemos sumas astronómicas en operaciones similares? (Joan Faus, EE.UU. amortiza el rescate, La Voz de Galicia, 3 de marzo de 2014, p. 21).
¿Es que los españoles incorporamos de serie el gen de la incompetencia?
martes, 11 de febrero de 2014
Persiguiendo a los malos por el mundo
Una serie de países en todo el mundo aplican, desde hace más o menos tiempo, el así denominado principio de justicia universal, según el cual el sistema judicial de un estado puede perseguir a los presuntos autores de delitos particularmente graves o repugnantes, como el genocidio, en cualquier otro estado aunque éste no haya iniciado acciones legales contra aquéllos. De esta forma la justicia española procedió contra Augusto Pinochet, ex-dictador chileno.
Ahora el Partido Popular (PP) español ha presentado al Parlamento un proyecto de ley según el cual la aplicación del citado principio por el sistema judicial hispano sería significativamente recortada. La razón oficial de esta propuesta es que, a fin de cuentas, ya existen organismos internacionales que se ocupan del asunto. La razón no confesada es que, metiendo las narices donde nadie nos ha llamado, podemos irritar a países sumamente poderosos, como China, Rusia y Estados Unidos, que, además de no admitir la validez del principio, tienen instrumentos sobrados para hacernos pagar cara nuestra osadía. Así ocurre, por ejemplo, con el intento de la Audiencia Nacional española de procesar a dos ex-altos cargos chinos, a los que acusa de acciones genocidas en el Tibet; China ha recordado al gobierno de Rajoy que ayudó a España de forma importante durante lo más duro de la crisis económica comprando deuda que a nadie más interesaba.
Naturalmente, la izquierda española ha puesto en el grito en el cielo. Asegura, básicamente, que se trata precisamente de una cuestión de principios irrenunciable, aunque declara comprender la motivación del PP.
Curiosamente, en este debate no ha sido mencionada una importante razón a favor del recorte. Y es que, si no tenemos los medios necesarios para afrontar los conflictos judiciales más próximos (¿cuántos años llevan de instrucción, por ejemplo, los casos Gürtel y Pokemon?), ¿por qué hemos de dispersarlos persiguiendo malos por el mundo adelante?
Por si les sirve de algo, les diré que llevo doce años embarcado en un proceso judicial de tres al cuarto que, con un mínimo de diligencia, se habría resuelto en un mes. Así que, aun suponiendo que el resto de las naciones nos permitieran jugar a justicieros universales, ¿qué necesidad tenemos de andar haciendo el ridículo por ahí adelante persiguiendo a los malos con nuestra celeridad habitual?
Ahora el Partido Popular (PP) español ha presentado al Parlamento un proyecto de ley según el cual la aplicación del citado principio por el sistema judicial hispano sería significativamente recortada. La razón oficial de esta propuesta es que, a fin de cuentas, ya existen organismos internacionales que se ocupan del asunto. La razón no confesada es que, metiendo las narices donde nadie nos ha llamado, podemos irritar a países sumamente poderosos, como China, Rusia y Estados Unidos, que, además de no admitir la validez del principio, tienen instrumentos sobrados para hacernos pagar cara nuestra osadía. Así ocurre, por ejemplo, con el intento de la Audiencia Nacional española de procesar a dos ex-altos cargos chinos, a los que acusa de acciones genocidas en el Tibet; China ha recordado al gobierno de Rajoy que ayudó a España de forma importante durante lo más duro de la crisis económica comprando deuda que a nadie más interesaba.
Naturalmente, la izquierda española ha puesto en el grito en el cielo. Asegura, básicamente, que se trata precisamente de una cuestión de principios irrenunciable, aunque declara comprender la motivación del PP.
Curiosamente, en este debate no ha sido mencionada una importante razón a favor del recorte. Y es que, si no tenemos los medios necesarios para afrontar los conflictos judiciales más próximos (¿cuántos años llevan de instrucción, por ejemplo, los casos Gürtel y Pokemon?), ¿por qué hemos de dispersarlos persiguiendo malos por el mundo adelante?
Por si les sirve de algo, les diré que llevo doce años embarcado en un proceso judicial de tres al cuarto que, con un mínimo de diligencia, se habría resuelto en un mes. Así que, aun suponiendo que el resto de las naciones nos permitieran jugar a justicieros universales, ¿qué necesidad tenemos de andar haciendo el ridículo por ahí adelante persiguiendo a los malos con nuestra celeridad habitual?
sábado, 18 de enero de 2014
A guisa de resumen
Se me ocurren varios temas para confeccionar la primera entrada del año 2014 en este blog. Pero, en general, darían lugar a textos un poco largos de más si quiero mantener cierto nivel de rigor en la exposición. Así que, por si alguien está interesado, ahí va un pequeño resumen de lo que he visto y me ha sucedido últimamente.
El invierno de Vigo ya me está tocando las narices. Una de las pocas cosas buenas que tenía esta ciudad (la suavidad de sus inviernos) se ha ido a hacer gárgaras. Desde mediados de octubre del año pasado la temperatura (al menos en el monte, donde está la universidad, en la que trabajo) raramente ha superado los diez grados. Añadan lluvia sin parar y temporales de viento (ciclogénesis explosivas) continuos. Un placer, vamos.
Por eso, o por cualquier otro motivo, arrastro una gripe-catarro intermitente desde las mismas fechas. Sobrevivo a base de paracetamol (salvo en unas pocas ocasiones, en las que ni tomando el paracetamol en grandes dosis, lograba bajar una fiebre paralizante). He descubierto que el paracetamol de un gramo te hace sentir bien durante doce horas y, si tienes aguante, puedes llegar a mantenerte en pie durante otras doce horas. Más allá, hay que volver a drogarse. Y el miércoles que viene inicio las clases del segundo cuatrimestre. ¿Podré aguantar sesiones de tres horas seguidas? En este momento, no sé cómo.
Según La Voz de Galicia, que continúa con su feroz campaña contra César Augusto Lendoiro (el tipo es un sinvergüenza de mucho cuidado, pero el periódico debía controlar un poco su ira), el Deportivo está al borde de la liquidación. Uno ya no sabe a qué atenerse. Al parecer, hay un lío de mil demonios en el que también están metidos el Madrid, el Barcelona, la LFP y la AFP. Y Hacienda no explica cómo dejó crecer la deuda del club con ella hasta los niveles que tiene en la actualidad.
El 17 de enero de 2014, viernes, mi hija mayor se convirtió en Doctora en Química. De momento, seguirá financiada por un proyecto que tiene un grupo de su facultad, pero ya ha empezado con la atractiva tarea de enviar currículos a todo lo que se mueve. Entre las felicitaciones que recibió había una que decía, poco más o menos, "si fueras del Celta, ya serías la h...". Mi hija, que para llegar a la presentación y defensa de la tesis hubo de superar incontables demostraciones de la burocracia demencial de la Universidad de Vigo (Kafka, al lado de estos chicos, era un simple aprendiz), continúa prefiriendo ser seguidora acérrima del Real Club Deportivo de La Coruña, le pese a quien le pese.
El invierno de Vigo ya me está tocando las narices. Una de las pocas cosas buenas que tenía esta ciudad (la suavidad de sus inviernos) se ha ido a hacer gárgaras. Desde mediados de octubre del año pasado la temperatura (al menos en el monte, donde está la universidad, en la que trabajo) raramente ha superado los diez grados. Añadan lluvia sin parar y temporales de viento (ciclogénesis explosivas) continuos. Un placer, vamos.
Por eso, o por cualquier otro motivo, arrastro una gripe-catarro intermitente desde las mismas fechas. Sobrevivo a base de paracetamol (salvo en unas pocas ocasiones, en las que ni tomando el paracetamol en grandes dosis, lograba bajar una fiebre paralizante). He descubierto que el paracetamol de un gramo te hace sentir bien durante doce horas y, si tienes aguante, puedes llegar a mantenerte en pie durante otras doce horas. Más allá, hay que volver a drogarse. Y el miércoles que viene inicio las clases del segundo cuatrimestre. ¿Podré aguantar sesiones de tres horas seguidas? En este momento, no sé cómo.
Según La Voz de Galicia, que continúa con su feroz campaña contra César Augusto Lendoiro (el tipo es un sinvergüenza de mucho cuidado, pero el periódico debía controlar un poco su ira), el Deportivo está al borde de la liquidación. Uno ya no sabe a qué atenerse. Al parecer, hay un lío de mil demonios en el que también están metidos el Madrid, el Barcelona, la LFP y la AFP. Y Hacienda no explica cómo dejó crecer la deuda del club con ella hasta los niveles que tiene en la actualidad.
El 17 de enero de 2014, viernes, mi hija mayor se convirtió en Doctora en Química. De momento, seguirá financiada por un proyecto que tiene un grupo de su facultad, pero ya ha empezado con la atractiva tarea de enviar currículos a todo lo que se mueve. Entre las felicitaciones que recibió había una que decía, poco más o menos, "si fueras del Celta, ya serías la h...". Mi hija, que para llegar a la presentación y defensa de la tesis hubo de superar incontables demostraciones de la burocracia demencial de la Universidad de Vigo (Kafka, al lado de estos chicos, era un simple aprendiz), continúa prefiriendo ser seguidora acérrima del Real Club Deportivo de La Coruña, le pese a quien le pese.
sábado, 21 de diciembre de 2013
Catalanes independientes... y chiflados
Anda Cataluña a vueltas con eso de que quiere ser independiente. No voy a entrar ahora a discutir la justificación de tal deseo. A cambio, quiero referirme a ese sector de catalanes (políticos, sobre todo), que supongo minoritario, que, además de buscar la ruptura con España, están más chiflados que un personaje de una novela de Tom Sharpe (¿recuerdan?; el creador de Wilt, el temible Blott, el irrepetible policía sudafricano racista y tantos otros orates por el estilo).
Según he podido leer en La Voz de Galicia de hoy, el Consejo Nacional para la Transición a la Independencia (o algo por el estilo; los catalanes tienen la misma afición que el resto de los españoles a los nombres oficiales inexplicablemente largos y compuestos por términos de lo más abstruso) ha elaborado una visión de cómo serán las relaciones entre España y la futura Cataluña independiente. Y, francamente, he quedado perplejo.
Según el lo que sea, tales relaciones serán más estrechas y armoniosas que en la actualidad. Vamos, que tú en tu casa y yo en la mía nos llevaremos mucho mejor que ahora, que vivimos los dos juntos. Encuentro discutible el pronóstico, pero voy a aceptarlo de momento. Entonces, si eso es así, ¿por qué no nos esforzamos en mejorar nuestra convivencia actual en lugar de forzar la separación? Al menos ahorraríamos gastos. Parece que el lo que sea no ha considerado tal posibilidad. O que, si la ha considerado, la ha dejado de lado. Y yo ya no entiendo nada.
¿No sabíamos de siempre que los catalanes eran muy cuidadosas con "la pela"? ¿Que no gastaban dos si podían arreglarse con una? ¿Qué les ha pasado ahora para renunciar a tan sólido principio, tanto más importante cuanto más se piensa en que esa pela sale, a fin de cuentas, de los bolsillos de los contribuyentes? Fue ahí dónde empecé a preguntarme si a algunos catalanes eso de la independencia no les ha trastocado las neuronas.
Y tuve que responderme que sí cuando llegué al final de la noticia, donde se aseguraba tajantemente que el Barcelona y el Espanyol seguirían jugando al fútbol en la liga española aunque estuvieran en una Cataluña independiente. Bueno, pase. Pero, en ese caso, ¿dónde pagarían sus impuestos?
Hay mucha gente preocupada por el debate acerca de una Cataluña independiente. Yo no comparto esa preocupación. Por el contrario, cada día que pasa me divierto más (y eso que no les he hablado de las preguntas que se proponen para el hipotético y fantasmal referendum de autodeterminación, o de la imagen de Oriol Junqueras, el líder de Esquerra, como guardaespaldas perpetuo de Artur Mas, el infortunado presidente de la Generalitat). Y es que algunos catalanes chiflados son realmente simpáticos.
Según he podido leer en La Voz de Galicia de hoy, el Consejo Nacional para la Transición a la Independencia (o algo por el estilo; los catalanes tienen la misma afición que el resto de los españoles a los nombres oficiales inexplicablemente largos y compuestos por términos de lo más abstruso) ha elaborado una visión de cómo serán las relaciones entre España y la futura Cataluña independiente. Y, francamente, he quedado perplejo.
Según el lo que sea, tales relaciones serán más estrechas y armoniosas que en la actualidad. Vamos, que tú en tu casa y yo en la mía nos llevaremos mucho mejor que ahora, que vivimos los dos juntos. Encuentro discutible el pronóstico, pero voy a aceptarlo de momento. Entonces, si eso es así, ¿por qué no nos esforzamos en mejorar nuestra convivencia actual en lugar de forzar la separación? Al menos ahorraríamos gastos. Parece que el lo que sea no ha considerado tal posibilidad. O que, si la ha considerado, la ha dejado de lado. Y yo ya no entiendo nada.
¿No sabíamos de siempre que los catalanes eran muy cuidadosas con "la pela"? ¿Que no gastaban dos si podían arreglarse con una? ¿Qué les ha pasado ahora para renunciar a tan sólido principio, tanto más importante cuanto más se piensa en que esa pela sale, a fin de cuentas, de los bolsillos de los contribuyentes? Fue ahí dónde empecé a preguntarme si a algunos catalanes eso de la independencia no les ha trastocado las neuronas.
Y tuve que responderme que sí cuando llegué al final de la noticia, donde se aseguraba tajantemente que el Barcelona y el Espanyol seguirían jugando al fútbol en la liga española aunque estuvieran en una Cataluña independiente. Bueno, pase. Pero, en ese caso, ¿dónde pagarían sus impuestos?
Hay mucha gente preocupada por el debate acerca de una Cataluña independiente. Yo no comparto esa preocupación. Por el contrario, cada día que pasa me divierto más (y eso que no les he hablado de las preguntas que se proponen para el hipotético y fantasmal referendum de autodeterminación, o de la imagen de Oriol Junqueras, el líder de Esquerra, como guardaespaldas perpetuo de Artur Mas, el infortunado presidente de la Generalitat). Y es que algunos catalanes chiflados son realmente simpáticos.
Los juegos españoles
El sábado 7 de septiembre de 2013 el Comité Olímpico Internacional (COI) concedió a Tokio la autorización para organizar los Juegos Olímpicos de verano y los Juegos Paralímpicos del año 2020. En la búsqueda de tal autorización la capital japonesa competía con Estambul y Madrid. Era la tercera vez consecutiva que la segunda presentaba su candidatura a la organización de los eventos citados. Ante esta circunstancia se produjeron diversas reacciones, de las cuales cabe mencionar explícitamente dos. Un gran número de españoles, que habían asumido como propia la candidatura madrileña, exteriorizó su decepción, máxime cuando se producía tras otros dos fracasos previos.
Más interesante para lo que nos importa aquí fue la segunda reacción. En muchos medios de comunicación, sobre todo en los más relevantes, hubo bastantes artículos de opinión en los que se aseguraba que el resultado era perfectamente previsible y muy merecido. Los analistas hablaron de indecencia, por proponer realizar un enorme despilfarro económico con un país en crisis; de propuesta lamentable en cuanto a infraestructuras disponibles o por construir; del pésimo nivel de inglés de las personas que defendieron la candidatura de Madrid; de actuación partidista que únicamente servía al propósito del Partido Popular por ocultar su pésima gestión en el gobierno; de incapacidad para comprender lo bien que lo habían hecho Tokio y Estambul; de la falta de severidad para castigar los casos de dopaje deportivo que se producen en España; de la nefasta imagen que el país transmite hacia el exterior con los interminables casos de corrupción; etcétera.
No es relevante ahora discutir acerca de lo fundado o no de los análisis a los que acabo de aludir. Aun admitiendo que todos ellos se ajustan a la realidad (lo cual haría todavía más grave el razonamiento que sigue), lo que me llama la atención es que ninguno de ellos (por lo menos, yo no recuerdo haber visto alguno de ese tipo con anterioridad) fue publicado antes de la decisión del COI. En otras palabras, se ha esperado a que este organismo tomara una decisión negativa para Madrid para dejar salir toda la mala uva que uno es capaz de almacenar. ¿Por qué nadie intentó anticiparse en su análisis a la resolución final sobre la sede olímpica?
Pues, sencillamente, porque a los ciudadanos de este país nos encantan estos juegos españoles. Antes de un suceso, echamos las campanas al vuelo o, todo lo más, permanecemos bien calladitos. Luego, si el suceso no resulta particularmente benéfico, cargamos contra todo lo que se mueve y encontramos defectos hasta en el aire que respiraban las personas más relacionadas con el evento.
El placer que experimentamos con los juegos españoles aparece un día sí y otro también. El 24 de julio de 2013 un tren descarrilaba por exceso de velocidad en las inmediaciones de la estación de Santiago de Compostela, dejando unos ochenta muertos. El maquinista admitió su responsabilidad de forma inmediata, pero eso no fue suficiente para nuestros analistas habituales; inmediatamente se lanzaron a indagar (y a criticar la ausencia de algunos de ellos) sobre los mecanismos de seguridad habilitados para dicho tren. Así, se encontraron responsables del accidente en RENFE, Adif, el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español, el gobierno actual y el gobierno inmediatamente anterior. Sólo faltó que alguien atribuyera su cuota de responsabilidad al Papa Francisco. De nuevo, es posible que todos esos análisis sean correctos y que la identificación de responsables (léase "culpables") se ajuste a la realidad. Pero no hubo nada de eso, nada en absoluto, antes del accidente; a nadie pareció interesarle o preocuparle si el trayecto era suficientemente seguro o no. Eso no va con nosotros. Los juegos españoles consisten, precisamente, en no hacer nada hasta que ocurre algo y luego buscar debajo de las piedras los culpables suficientes para que nuestra sed de sangre quede saciada.
¿Que hay imprevisiones y mala planificación? Es cierto; en España y en muchos otros países. Pero lo de reaccionar con juegos españoles lo hemos elevado a la categoría de arte depurado. En eso somos campeones imbatibles.
Más interesante para lo que nos importa aquí fue la segunda reacción. En muchos medios de comunicación, sobre todo en los más relevantes, hubo bastantes artículos de opinión en los que se aseguraba que el resultado era perfectamente previsible y muy merecido. Los analistas hablaron de indecencia, por proponer realizar un enorme despilfarro económico con un país en crisis; de propuesta lamentable en cuanto a infraestructuras disponibles o por construir; del pésimo nivel de inglés de las personas que defendieron la candidatura de Madrid; de actuación partidista que únicamente servía al propósito del Partido Popular por ocultar su pésima gestión en el gobierno; de incapacidad para comprender lo bien que lo habían hecho Tokio y Estambul; de la falta de severidad para castigar los casos de dopaje deportivo que se producen en España; de la nefasta imagen que el país transmite hacia el exterior con los interminables casos de corrupción; etcétera.
No es relevante ahora discutir acerca de lo fundado o no de los análisis a los que acabo de aludir. Aun admitiendo que todos ellos se ajustan a la realidad (lo cual haría todavía más grave el razonamiento que sigue), lo que me llama la atención es que ninguno de ellos (por lo menos, yo no recuerdo haber visto alguno de ese tipo con anterioridad) fue publicado antes de la decisión del COI. En otras palabras, se ha esperado a que este organismo tomara una decisión negativa para Madrid para dejar salir toda la mala uva que uno es capaz de almacenar. ¿Por qué nadie intentó anticiparse en su análisis a la resolución final sobre la sede olímpica?
Pues, sencillamente, porque a los ciudadanos de este país nos encantan estos juegos españoles. Antes de un suceso, echamos las campanas al vuelo o, todo lo más, permanecemos bien calladitos. Luego, si el suceso no resulta particularmente benéfico, cargamos contra todo lo que se mueve y encontramos defectos hasta en el aire que respiraban las personas más relacionadas con el evento.
El placer que experimentamos con los juegos españoles aparece un día sí y otro también. El 24 de julio de 2013 un tren descarrilaba por exceso de velocidad en las inmediaciones de la estación de Santiago de Compostela, dejando unos ochenta muertos. El maquinista admitió su responsabilidad de forma inmediata, pero eso no fue suficiente para nuestros analistas habituales; inmediatamente se lanzaron a indagar (y a criticar la ausencia de algunos de ellos) sobre los mecanismos de seguridad habilitados para dicho tren. Así, se encontraron responsables del accidente en RENFE, Adif, el Partido Popular, el Partido Socialista Obrero Español, el gobierno actual y el gobierno inmediatamente anterior. Sólo faltó que alguien atribuyera su cuota de responsabilidad al Papa Francisco. De nuevo, es posible que todos esos análisis sean correctos y que la identificación de responsables (léase "culpables") se ajuste a la realidad. Pero no hubo nada de eso, nada en absoluto, antes del accidente; a nadie pareció interesarle o preocuparle si el trayecto era suficientemente seguro o no. Eso no va con nosotros. Los juegos españoles consisten, precisamente, en no hacer nada hasta que ocurre algo y luego buscar debajo de las piedras los culpables suficientes para que nuestra sed de sangre quede saciada.
¿Que hay imprevisiones y mala planificación? Es cierto; en España y en muchos otros países. Pero lo de reaccionar con juegos españoles lo hemos elevado a la categoría de arte depurado. En eso somos campeones imbatibles.
lunes, 18 de noviembre de 2013
Retorno a la prehistoria
Los diputados del Parlamento de Galicia disponen, cada uno, de una plaza de aparcamiento (y sólo una) en un edificio próximo a la sede de aquél. Al parecer, algunos diputados tenían la fea costumbre de utilizar dos o más coches; uno permanecía en la plaza asignada y el otro o los otros se dejaban en cualquier sitio libre que se encontrara en el parking. El Parlamento llamó la atención a tales diputados, y éstos, mal que bien, fueron retirando los coches sobrantes. Todos excepto Beatriz Sesatayo, diputada ferrolana del PSOE.
Hasta en cuatro ocasiones el Parlamento reclamó por escrito a Sestayo que no ocupase más de una plaza. En las cuatro la diputada hizo caso omiso, dejando en su sitio un coche cuya titularidad se atribuye a su hija. Al fin, el Parlamento dio órdenes de que se impidiera a Sestayo el acceso en vehículo al parking mientras el auto de su hija siguiera allí. Un vigilante ejecutó la consigna a rajatabla y ello desató las iras de Sestayo, que acabó por abandonar (eso sí, con las llaves puestas) el coche con el que pretendía acceder al lugar de modo que bloquease la entrada al mismo.
Hasta aquí, nada de particular, salvo por lo que tiene de tufillo de retorno al pasado ("¡usted no sabe con quién está hablando!"). Ya hace tiempo que estoy convencido de que seguimos en pleno franquismo y, por tanto, esas actitudes no me cogen por sorpresa. Lo grande fue la diatriba que Sestayo se marcó cuando los periodistas la interrogaron sobre el suceso; "¡Éste es uno más de los continuos ataques de la derecha fascista hacia los representantes de la libertad!", vino a decir. Y eso sí que es un gigantesco retroceso a épocas antediluvianas.
Si todo el argumentario de la flamante izquierda española se reduce a que la derechona es la responsable y la culpable de todo, entonces apaga y vámonos... a las barricadas, a tomar la Bastilla, a quemar iglesias; a hacer cualquier cosa menos dialogar con sensatez. Así se trabaja por los intereses del pueblo.
Hasta en cuatro ocasiones el Parlamento reclamó por escrito a Sestayo que no ocupase más de una plaza. En las cuatro la diputada hizo caso omiso, dejando en su sitio un coche cuya titularidad se atribuye a su hija. Al fin, el Parlamento dio órdenes de que se impidiera a Sestayo el acceso en vehículo al parking mientras el auto de su hija siguiera allí. Un vigilante ejecutó la consigna a rajatabla y ello desató las iras de Sestayo, que acabó por abandonar (eso sí, con las llaves puestas) el coche con el que pretendía acceder al lugar de modo que bloquease la entrada al mismo.
Hasta aquí, nada de particular, salvo por lo que tiene de tufillo de retorno al pasado ("¡usted no sabe con quién está hablando!"). Ya hace tiempo que estoy convencido de que seguimos en pleno franquismo y, por tanto, esas actitudes no me cogen por sorpresa. Lo grande fue la diatriba que Sestayo se marcó cuando los periodistas la interrogaron sobre el suceso; "¡Éste es uno más de los continuos ataques de la derecha fascista hacia los representantes de la libertad!", vino a decir. Y eso sí que es un gigantesco retroceso a épocas antediluvianas.
Si todo el argumentario de la flamante izquierda española se reduce a que la derechona es la responsable y la culpable de todo, entonces apaga y vámonos... a las barricadas, a tomar la Bastilla, a quemar iglesias; a hacer cualquier cosa menos dialogar con sensatez. Así se trabaja por los intereses del pueblo.
martes, 3 de septiembre de 2013
¿En qué quedamos?
La cruel guerra civil que tiene lugar en Siria está llegando a unos extremos realmente malignos. Lo último ha sido, al parecer (todavía hay alguna duda al respecto), la utilización de armas químicas contra la población civil por parte del gobierno (¿o de los rebeldes que luchan contra él?; el asunto no está completamente claro).
Ante esto, numerosos medios y políticos occidentales han clamado por una intervención externa que detenga la danza de la muerte en Siria. Esa intervención sólo puede estar liderada por Estados Unidos, ya que únicamente este país tiene los recursos y los medios necesarios para imponerse en Siria sin correr un grave riesgo. Es decir, cuando se pide la intervención extranjera, se está solicitando, aunque sea con la boca pequeña, la involucración directa de Estados Unidos en el conflicto.
A la vista de la situación, los mismos numeros medios y políticos occidentales a los que antes aludía claman para que Estados Unidos no intervenga en Siria. Aducen que eso sólo serviría para aumentar el sufrimiento de la población. Es un argumento de peso, desde luego. Pero yo, si fuera Estados Unidos, estaría preguntándome si voy a la guerra o no, sólo para darme cuenta de que no hay respuesta posible a este interrogante. Si me involucro, me llamarán imperialista y me acusarán de preocuparme únicamente por mis intereses; si sigo cruzado de brazos, dirán que soy un insensible y que no intervengo porque en Siria no hay petróleo que me interese.
Así que, ¿en qué quedamos? ¿Por qué no nos aclaramos antes nosotros, los occidentales, y luego pedimos ayuda, si concluimos que es necesaria, a Estados Unidos?
Ante esto, numerosos medios y políticos occidentales han clamado por una intervención externa que detenga la danza de la muerte en Siria. Esa intervención sólo puede estar liderada por Estados Unidos, ya que únicamente este país tiene los recursos y los medios necesarios para imponerse en Siria sin correr un grave riesgo. Es decir, cuando se pide la intervención extranjera, se está solicitando, aunque sea con la boca pequeña, la involucración directa de Estados Unidos en el conflicto.
A la vista de la situación, los mismos numeros medios y políticos occidentales a los que antes aludía claman para que Estados Unidos no intervenga en Siria. Aducen que eso sólo serviría para aumentar el sufrimiento de la población. Es un argumento de peso, desde luego. Pero yo, si fuera Estados Unidos, estaría preguntándome si voy a la guerra o no, sólo para darme cuenta de que no hay respuesta posible a este interrogante. Si me involucro, me llamarán imperialista y me acusarán de preocuparme únicamente por mis intereses; si sigo cruzado de brazos, dirán que soy un insensible y que no intervengo porque en Siria no hay petróleo que me interese.
Así que, ¿en qué quedamos? ¿Por qué no nos aclaramos antes nosotros, los occidentales, y luego pedimos ayuda, si concluimos que es necesaria, a Estados Unidos?
Un patinazo en Riazor
En distintas ocasiones he hablado del maravilloso comportamiento del público que asiste al estadio de Riazor. Este comportamiento está relacionado prioritariamente con la actitud de los espectadores hacia el Real Club Deportivo de La Coruña. Pero podría hacer comentarios muy similares a propósito del trato que el público dispensa a los jugadores y al equipo rival (salvo en lo que se refiere al Celta de Vigo, por aquello de la tremenda rivalidad que ambos conjuntos, y sus respectivas ciudades, se profesan).
Sin embargo, ese comportamiento no fue tan maravilloso con motivo del reciente Trofeo Teresa Herrera, en el que el rival del conjunto herculino fue el Real Madrid, en cuyas filas milita Cristiano Ronaldo. Un sector mayoritario de espectadores dedicó feroces insultos y gritos al jugador portugués durante el tiempo que éste permaneció en el terreno de juego, sin que Cristiano, apático y poco participativo, hubiera hecho nada para llamar la atención (ni para bien, ni para mal).
Cristiano Ronaldo no me cae bien y, contra la opinión mayoritaria, pienso que no es tan buen futbolista como se suele pensar. Pero eso no justifica (ni en su caso, ni en el de ningún otro jugador) el trato que recibió en Riazor. La actitud de ensañamiento de parte del público hacia él no es digna de unos espectadores que tantas veces se han distinguido por su actitud ejemplar. Deseo fervientemente que no se repita.
Sin embargo, ese comportamiento no fue tan maravilloso con motivo del reciente Trofeo Teresa Herrera, en el que el rival del conjunto herculino fue el Real Madrid, en cuyas filas milita Cristiano Ronaldo. Un sector mayoritario de espectadores dedicó feroces insultos y gritos al jugador portugués durante el tiempo que éste permaneció en el terreno de juego, sin que Cristiano, apático y poco participativo, hubiera hecho nada para llamar la atención (ni para bien, ni para mal).
Cristiano Ronaldo no me cae bien y, contra la opinión mayoritaria, pienso que no es tan buen futbolista como se suele pensar. Pero eso no justifica (ni en su caso, ni en el de ningún otro jugador) el trato que recibió en Riazor. La actitud de ensañamiento de parte del público hacia él no es digna de unos espectadores que tantas veces se han distinguido por su actitud ejemplar. Deseo fervientemente que no se repita.
jueves, 18 de julio de 2013
Palabras y sucesos célebres, 6: Vigo, ombligo del mundo
La Comisión Europea, a instancias del comisario de la Competencia, el español Joaquín Almunia, ha ordenado al gobierno español que reclame la devolución de ciertas ayudas financieras que en su día fueron concedidas a algunas de las entidades involucradas en el sector naval. Esta decisión, que ya se anticipaba desde años anteriores, ha sido fuertemente contestada, incluso antes de que fuera firme, por políticos y trabajadores de distintas empresas del sector establecidas en diversos puntos de Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco. Es decir, se trata de un problema que afecta a muchas personas de muchos sitios.
El indescriptible alcalde de Vigo, Abel Caballero, y el líder del PP en el ayuntamiento de la ciudad, un individuo gris, irrelevante y poco menos que invisible que, al parecer, atiende al nombre de Chema Figueroa, han calificado la actuación de la Comisión en general y de Almunia en particular de ataque directo a Vigo, dando a entender, al menos implícitamente, que la repercusión de la decisión europea en otros lugares es poco menos que insignificante.
Ante esto, y como en muchas otras ocasiones previas, sigo preguntándome si será posible que alguna vez llegue a existir un vigués que no esté convencido de que el mundo se acaba en el Alto de Puxeiros.
El indescriptible alcalde de Vigo, Abel Caballero, y el líder del PP en el ayuntamiento de la ciudad, un individuo gris, irrelevante y poco menos que invisible que, al parecer, atiende al nombre de Chema Figueroa, han calificado la actuación de la Comisión en general y de Almunia en particular de ataque directo a Vigo, dando a entender, al menos implícitamente, que la repercusión de la decisión europea en otros lugares es poco menos que insignificante.
Ante esto, y como en muchas otras ocasiones previas, sigo preguntándome si será posible que alguna vez llegue a existir un vigués que no esté convencido de que el mundo se acaba en el Alto de Puxeiros.
jueves, 4 de julio de 2013
La vida hace lo que quiere
El lunes 1 de julio de 2013 los cinco miembros de mi familia inmediata coincidimos por primera vez en la circunstancia de realizar un trabajo remunerado. Yo soy profesor universitario, mi esposa trabaja en una entidad bancaria, mis dos hijos mayores están haciendo sus tesis doctorales y perciben una remuneración mensual con cargo a proyectos de investigación, y, finalmente, mi hijo pequeño comenzaba las prácticas que debe completar para obtener su título universitario de grado, prácticas que comportan un pequeño sueldo mensual.
Cuando me percaté de esa circunstancia no pude evitar pensar que hay cientos de miles de familias españolas en las que todos sus miembros están desempleados. No entré en más disquisiciones sobre lo justo o lo injusto de la situación, o si sobre el hecho confirma o no la teoría de que con esfuerzo todo se consigue, o si tenemos una suerte especial. Sencillamente dejé constancia para mí mismo del hecho y lo catalogué de inexplicable mediante las habituales leyes sociológicas.
La verdad, lo único que se me ocurre para explicar esta situación tan dispar es aceptar que la vida hace lo que quiere.
Cuando me percaté de esa circunstancia no pude evitar pensar que hay cientos de miles de familias españolas en las que todos sus miembros están desempleados. No entré en más disquisiciones sobre lo justo o lo injusto de la situación, o si sobre el hecho confirma o no la teoría de que con esfuerzo todo se consigue, o si tenemos una suerte especial. Sencillamente dejé constancia para mí mismo del hecho y lo catalogué de inexplicable mediante las habituales leyes sociológicas.
La verdad, lo único que se me ocurre para explicar esta situación tan dispar es aceptar que la vida hace lo que quiere.
sábado, 15 de junio de 2013
Tontos en la EIT-Vigo
En su artículo de El Semanal del 16 de junio de 2013, Arturo Pérez-Reverte sostiene que es más peligroso un tonto que un malvado, e indica algunas de las razones que le inducen a pensar así. No se trata de nada novedoso. El propio Pérez-Reverte y otros autores han sostenido, en reiteradas ocasiones, la validez de esta hipótesis. Hipótesis que yo comparto desde hace mucho tiempo. Lo que me lleva a volver sobre este manido tema es el ejemplo concreto, tomado de la vida real, que Pérez-Reverte incluye en su artículo a guisa de ilustración de la referida teoría.
Habla Pérez-Reverte de una orca confinada en un acuario de Argentina. Recogida varada en una playa cuando era poco más que una cría, lleva más de veinte años en el lugar en el que fue alojada y en el que, según el autor, es tratada a cuerpo de rey. Al parecer, algunos grupos ecologistas acaban de enterarse de la situación del animal y reclaman a voz en grito su inmediata devolución al medio marino en el que nació. Por su parte, distintos científicos se oponen vehementemente a esta acción, alegando que, en definitiva, ello supondría la muerte inmediata de la orca, bien porque no aprendió a desenvolverse en el océano, bien por ser asesinada por los congéneres a los que pretendiera unirse, que inmediatamente la catalogarían de intrusa no deseada. Para Pérez-Reverte, los ecologistas son los tontos a los que me refería más arriba y la nefasta consecuencia de sus actos sería (no me quedó claro si la liberación se llevó efectivamente a cabo o no) justamente lo contrario de lo que se pretendía: el fallecimiento, probablemente cruel, de la orca a la que se pretendía salvar.
Por una perversa asociación de ideas, el ejemplo de Pérez-Reverte me llevó a pensar en lo que ocurre en la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidad de Vigo (EIT-Vigo). En este centro, como en cualquier otro de carácter universitario, se persigue que los alumnos se gradúen con la mayor capacitación posible. Sin embargo, en los últimos años, este objetivo parece haberse sacrificado al de hacer la vida de los alumnos lo más placentera posible. Hay tutores (tanto profesores, como alumnos de cursos superiores), conferencias de apoyo, coordinadores de asignaturas, de cursos y de titulación, infinidad de protocolos de control de calidad y otras cosas por el estilo. El interés de este objetivo está creciendo tanto que, en la mayoría de las reuniones en las que se ven poco menos que forzados a participar cada vez más miembros del claustro de profesores, ya no se habla de contenidos de las asignaturas o de los esfuerzos que han de hacer los alumnos para superarlas. Todo se reduce a verificar hasta qué punto se siguen al pie de la letra los procedimientos acordados anteriormente o a instaurar otros nuevos.
Desde luego que no es malo, sino todo lo contrario, que se facilite, dentro de lo posible, la vida a los alumnos, como no es malo que las orcas vivan en libertad. Pero eso no debe hacer olvidar que esos alumnos han de graduarse como ingenieros (las orcas han de sobrevivir). Y ciertos profesores (los ecologistas) creen que, conseguido el primer objetivo, el segundo caerá inevitablemente por su propio peso, lo cual contradice la razón y el sentido común. Lo malo, como apunta Pérez-Reverte en su artículo, es que con algunos malvados es posible llegar a razonar e incluso conseguir que, al menos en ciertos casos, modifiquen sus conductas; pero, con un tonto, es de todo punto imposible.
Habla Pérez-Reverte de una orca confinada en un acuario de Argentina. Recogida varada en una playa cuando era poco más que una cría, lleva más de veinte años en el lugar en el que fue alojada y en el que, según el autor, es tratada a cuerpo de rey. Al parecer, algunos grupos ecologistas acaban de enterarse de la situación del animal y reclaman a voz en grito su inmediata devolución al medio marino en el que nació. Por su parte, distintos científicos se oponen vehementemente a esta acción, alegando que, en definitiva, ello supondría la muerte inmediata de la orca, bien porque no aprendió a desenvolverse en el océano, bien por ser asesinada por los congéneres a los que pretendiera unirse, que inmediatamente la catalogarían de intrusa no deseada. Para Pérez-Reverte, los ecologistas son los tontos a los que me refería más arriba y la nefasta consecuencia de sus actos sería (no me quedó claro si la liberación se llevó efectivamente a cabo o no) justamente lo contrario de lo que se pretendía: el fallecimiento, probablemente cruel, de la orca a la que se pretendía salvar.
Por una perversa asociación de ideas, el ejemplo de Pérez-Reverte me llevó a pensar en lo que ocurre en la Escuela de Ingeniería de Telecomunicación de la Universidad de Vigo (EIT-Vigo). En este centro, como en cualquier otro de carácter universitario, se persigue que los alumnos se gradúen con la mayor capacitación posible. Sin embargo, en los últimos años, este objetivo parece haberse sacrificado al de hacer la vida de los alumnos lo más placentera posible. Hay tutores (tanto profesores, como alumnos de cursos superiores), conferencias de apoyo, coordinadores de asignaturas, de cursos y de titulación, infinidad de protocolos de control de calidad y otras cosas por el estilo. El interés de este objetivo está creciendo tanto que, en la mayoría de las reuniones en las que se ven poco menos que forzados a participar cada vez más miembros del claustro de profesores, ya no se habla de contenidos de las asignaturas o de los esfuerzos que han de hacer los alumnos para superarlas. Todo se reduce a verificar hasta qué punto se siguen al pie de la letra los procedimientos acordados anteriormente o a instaurar otros nuevos.
Desde luego que no es malo, sino todo lo contrario, que se facilite, dentro de lo posible, la vida a los alumnos, como no es malo que las orcas vivan en libertad. Pero eso no debe hacer olvidar que esos alumnos han de graduarse como ingenieros (las orcas han de sobrevivir). Y ciertos profesores (los ecologistas) creen que, conseguido el primer objetivo, el segundo caerá inevitablemente por su propio peso, lo cual contradice la razón y el sentido común. Lo malo, como apunta Pérez-Reverte en su artículo, es que con algunos malvados es posible llegar a razonar e incluso conseguir que, al menos en ciertos casos, modifiquen sus conductas; pero, con un tonto, es de todo punto imposible.
lunes, 3 de junio de 2013
Grande, Deportivo
Hemos descendido a segunda división; para más inri, al hacerlo hemos ayudado al Celta a permanecer en primer división.
Es igual. Al margen de cualquier otra consideración, el Deportivo es y será grande por su afición. Una afición que permite crear imágenes como la sensacional de la portada de La Voz de Galicia del domingo 2 de junio de 2013: lágrimas y dolor, y orgullo y determinación.
¡Si esta situación se completase con la marcha de César Augusto Lendoiro, la amargura sería menor y la confianza en el futuro, mayor!
Por siempre, Forza, Dépor!
Es igual. Al margen de cualquier otra consideración, el Deportivo es y será grande por su afición. Una afición que permite crear imágenes como la sensacional de la portada de La Voz de Galicia del domingo 2 de junio de 2013: lágrimas y dolor, y orgullo y determinación.
¡Si esta situación se completase con la marcha de César Augusto Lendoiro, la amargura sería menor y la confianza en el futuro, mayor!
Por siempre, Forza, Dépor!
lunes, 20 de mayo de 2013
Vigo y la manía de comparar
El ministro de Justicia está trajinando un plan según el cual Vigo perdería su actual carácter de cabeza de partido judicial, ya que habría uno solo por provincia y radicado en la capital correspondiente.
Esta perspectiva parece disgustar a muchos ciudadanos e instituciones vigueses. Para oponerse a ella los discordantes han acudido mayoritariamente al tan arraigado como inútil y estúpido vicio vigués de hacer comparaciones odiosas.
Vigo es la ciudad de las comparaciones. Para presumir (¡hay que ver lo buenos que somos!) y para formular quejas (¡fíjate!; ese sitio, que no vale nada comparado con nosotros, tiene tal cosa y a nosotros nos la niegan). Recurriendo a esta táctica, que jamás les ha servido para nada útil, la última de los vigueses, recogida por La Voz de Galicia, que, con tal de vender periódicos, a veces es más viguesa (su sede y sus principales intereses están en La Coruña) que los propios vigueses, ha sido la de sacar una lista en la que se muestra que en Vigo se pagan más impuestos que en veintiocho capitales de provincia (¿cómo puede ser que, ante este hecho, ellas vayan a conservar sus partidos judiciales y Vigo esté condenada a perderlo?).
En la lista no figuraba La Coruña, lo cual sugiere que en la segunda, pese a tener menos habitantes (doscientos cincuenta mil frente a trescientos mil), se pagan más impuestos que en Vigo. Y esto me sumerge en un dilema atroz. ¿Acaso Vigo no es el motor económico de Galicia que sus habitantes dicen que es? ¿O sí lo es realmente, pero la ciudad están tan llena de chorizos que no se pagan todos los impuestos que se deberían?
Pregunta final: ¿algún día Vigo se preocupará de sí misma y dejará de prestar atención a lo que ocurre en otras partes?
Esta perspectiva parece disgustar a muchos ciudadanos e instituciones vigueses. Para oponerse a ella los discordantes han acudido mayoritariamente al tan arraigado como inútil y estúpido vicio vigués de hacer comparaciones odiosas.
Vigo es la ciudad de las comparaciones. Para presumir (¡hay que ver lo buenos que somos!) y para formular quejas (¡fíjate!; ese sitio, que no vale nada comparado con nosotros, tiene tal cosa y a nosotros nos la niegan). Recurriendo a esta táctica, que jamás les ha servido para nada útil, la última de los vigueses, recogida por La Voz de Galicia, que, con tal de vender periódicos, a veces es más viguesa (su sede y sus principales intereses están en La Coruña) que los propios vigueses, ha sido la de sacar una lista en la que se muestra que en Vigo se pagan más impuestos que en veintiocho capitales de provincia (¿cómo puede ser que, ante este hecho, ellas vayan a conservar sus partidos judiciales y Vigo esté condenada a perderlo?).
En la lista no figuraba La Coruña, lo cual sugiere que en la segunda, pese a tener menos habitantes (doscientos cincuenta mil frente a trescientos mil), se pagan más impuestos que en Vigo. Y esto me sumerge en un dilema atroz. ¿Acaso Vigo no es el motor económico de Galicia que sus habitantes dicen que es? ¿O sí lo es realmente, pero la ciudad están tan llena de chorizos que no se pagan todos los impuestos que se deberían?
Pregunta final: ¿algún día Vigo se preocupará de sí misma y dejará de prestar atención a lo que ocurre en otras partes?
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